¿Todos somos Nigeria?

¿Todos somos Nigeria?
16 enero, 2015 Antonio Velázquez
In destacados

La violencia indiscriminada que emplea el grupo armado islamista Boko Haram en el noreste de Nigeria es de tal magnitud que sorprende la escasa o nula reacción de los países y ciudadanos europeos.

Masivas manifestaciones han recorrido las principales capitales de Europa en protesta por los atentados perpetrados contra la revista Charlie Hebdo en París y el supermercado judío de Porte de Vincennes. En ambos ataques, perdieron la vida dieciséis personas inocentes.

Solo en el último ataque de Boko Haram contra la población de Baga, la cifra de muertos podrían rondar los dos mil. Una auténtica carnicería. Las últimas noticias hablan también del secuestro de alrededor de trescientas mujeres de la localidad tras el ataque.

Boko Haram, que lucha por establecer un Estado islámico en Nigeria y que mató en 2014 a más de 10.000 personas, utilizó a niñas de 10 años para atentar contra un mercado de Maiduguri el pasado día 9 de enero, adosándoles cinturones de explosivos al cuerpo.

Fue precisamente el obispo de Maiduguri, Oliver Dashe Doe, el que alzó la voz el pasado mes de septiembre para denunciar la situación que viven sus feligreses, prisioneros en su propia patria a causa de la barbarie terrorista de Boko Haram. “La brutalidad e insensibilidad de estos asesinatos son solo comparables a los del Estado Islámico en Irak y Siria”.

Sin embargo, a pesar de tan atroces atentados, la repercusión en Europa ha sido nula.

Monseñor Kaigama denuncia la pasividad de Occidente

La indiferencia de Europa ante lo que ocurre en Nigeria, ha llevado al presidente de la Conferencia Episcopal de este país, Monseñor Ignacio Ayau Kaigama, a acusar a Occidente de ignorar la amenaza del grupo islamista Boko Haram.

Ignacio Kaigama expresó que una tragedia de estas dimensiones requiere una respuesta internacional como la mostrada después de los ataques de la semana pasada en Francia. ”Necesitamos que ese espíritu de unidad se extienda”, dijo, “no sólo cuando [un ataque] ocurre en Europa, sino también cuando ocurre en Nigeria, en Níger, en Camerún”.

Lo cierto es que la solidaridad internacional con Nigeria tuvo su punto álgido tras el secuestro de 200 niñas en abril de 2014. Varios países, incluyendo Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Israel y China, se ofrecieron a apoyar a Nigeria para hacer frente a la insurgencia de Boko Haram. La desaparición de las niñas generó titulares en todo el mundo y alimentó una campaña mediática sin precedentes en torno al hashtag #bringbackourgirls.

Sin embargo, para muchos observadores, esta ola de solidaridad se ha enfriado por la falta de entusiasmo del gobierno de Nigeria a aceptar ofertas internacionales y mostrar así su incapacidad de ganar en solitario esta guerra contra los terroristas de Abubaker Shekau.

Un conflicto que se extiende

La debilidad del ejército nigeriano para combatir a la milicia de Boko Haram, que en las lenguas locales significa “la educación no islámica es pecado”, está afectando a sus países vecinos.

Camerún se ha convertido en una nueva zona de batalla. La semana pasada, los milicianos de Boko Haram atacaron una base militar, sede del Batallón de Intervención Rápida (BIR), en Kolofata, obligando a los residentes a huir. Durante el enfrentamiento falleció un soldado camerunés. Este ataque se produce apenas una semana después de que el líder de Boko Haram, Abubakar Shekau, amenazara en un vídeo difundido en internet con realizar nuevos ataques contra Camerún.

El pasado julio, Boko Haram atacó esta misma zona y los enfrentamientos causaron varios muertos. La milicia se llevó secuestrada entonces a unas 20 personas, entre ellas la esposa del viceprimer ministro camerunés, que fue liberada tras un proceso negociador que la mantuvo en cautiverio varias semanas.

Un portavoz de la iglesia local camerunesa ha asegurado que casi todos los lugares de culto -cerca de 26 iglesias-, situadas en la frontera con Nigeria, están cerrados. Miles de residentes, que huyeron de las zonas de combate, no pudieron recoger sus cosechas. Tal situación ha elevado el miedo a la hambruna en la región. A fecha de hoy, el éxodo provocado por el empuje de Boko Haram está desbordando a las iglesias que tratan de ayudar a los desplazados.

En Níger, las autoridades están preocupadas por el avance de la milicia de Boko Haram, que ha invadido recientemente la ciudad de Borno Damassak, la más cercana a Nigeria. El alcalde de Diffa, otra ciudad separada pocos kilómetros de tierras nigerianas, ha asegurado a los medios de comunicación que ha visto la bandera negra de los yihadistas flamear cerca de la frontera y que teme el ataque de la milicia.

Este temor es compartido por el Arzobispo de Niamey, que viajó a París el domingo, junto con Mahamadou Issoufou, presidente de Níger. Monseñor Michel Cartatéguy espresaba así su miedo: “Cada vez más jóvenes nigerinos están siendo alistados en el movimiento Boko Haram, especialmente en la región de Diffa. Y estos jóvenes conocen Diffa mejor que los miembros de Boko Haram, y pueden mostrarles dónde tienen que perpetrar los ataques”.

Según las autoridades de Níger, desde mayo de 2013, fecha en la que el gobierno nigeriano declaró el estado de emergencia en el noreste después de los ataques de Boko Haram, más de 100.000 personas han entrado en el país huyendo de Nigeria.

En las últimas semanas, Boko Haram ha izado su bandera sobre docenas de ciudades y pueblos, y ha declarado el establecimiento de un Califato, que se estima abarca unos 50.000 kilómetros cuadrados, un área más grande que Suiza.

La portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos ha declarado que las elecciones del próximo mes de febrero en Nigeria son uno de los factores que explican el fuerte aumento de los ataques de los militantes de Boko Haram. También expresó su disgusto por la falta de interés internacional en Nigeria en comparación con el interés despertado tras los ataques de Francia.

Debido en gran parte al terrorismo de Boko Haram, Nigeria ocupa el puesto número diez en el World Watch List de 2015, un ranking de los cincuenta países en los que la vida de los cristianos es más difícil. La lista fue publicada la semana pasada por Open Doors International, una organización internacional benéfica que apoya a los cristianos que viven perseguidos a causa de su fe.

En el norte de Malí, limítrofe con Libia, la situación también es preocupante. Los islamistas hostigan las fronteras y han intensificado sus ataques en los últimos meses. El 5 de enero, 8 soldados malienses murieron en un ataque llevado a cabo por yihadistas en los cuarteles de Nampala, cerca de la frontera con Mauritania. Las fuerzas de paz de la ONU en Malí han sido atacadas frecuentemente por insurgentes.

África se solidariza con Europa

La marcha antiterrorista de París, el pasado domingo día 11 de enero, contó con la presencia de varios mandatarios africanos, entre ellos, los jefes de Estado de Malí, Níger, Senegal, Benín, Togo y Gabón. Preocupados por el ascenso del islamismo, expresaron su simpatía a Francia y la necesidad de una acción global para hacer frente a los grupos yihadistas, cada vez más activos en el África subsahariana.

Al ser preguntado por los medios de comunicación franceses sobre la mejor estrategia para garantizar la seguridad en Europa frente al yihadismo, el presidente de Níger, Mahamadou Issoufou, sostuvo la necesidad de una intervención militar internacional en Libia para tratar de restaurar la estabilidad. ”Cuando ellos [la OTAN] intervinieron en Libia, nadie nos consultó, y ahora tenemos que pagar el precio de la situación”. Desde la caída del líder libio Muammar Gaddafi en 2011, los expertos dicen que el país se ha convertido en un santuario yihadista, con múltiples milicias rivales que luchan por el control.

Issoufou añadió unas palabras que suenan proféticas: “Todo el mundo debe escucharnos, y es nuestro deber recordar a Europa que nuestros países [de África] son sólo objetivos intermedios para estos terroristas. El objetivo final es Occidente, porque es Occidente el principal enemigo de estos terroristas”.

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