El islamismo en Libia, a la caza de cristianos

El islamismo en Libia, a la caza de cristianos
4 enero, 2015 Antonio Velázquez
In destacados

Un grupo de hombres armados, pertenecientes a una de las diferentes facciones islamistas que operan en Libia, secuestraron el pasado 3 de enero a trece trabajadores coptos (cristianos egipcios) en la ciudad de Sirte.

Este ataque se suma al ocurrido tan sólo unos días antes, en el que fueron capturados otros 7 trabajadores egipcios de la misma confesión, en lo que parece ser una nueva ofensiva del islamismo radical contra los cristianos que trabajan en este país del norte de África.

La caída del régimen de Muamar el Gadafi, en octubre de 2011, dejó un país devastado por la guerra, y provocó el caos administrativo y la expansión de brigadas armadas islámicas que se disputan el control de las diferentes ciudades del país.

Separados violentamente por ser cristianos

Uno de los testigos del suceso, Hanna Aziz, ha contado que los asaltantes irrumpieron violentamente durante la madrugada del sábado en la residencia donde se alojaba un grupo de estos trabajadores. Una a una, fueron registrando las habitaciones, pidieron los documentos de identidad y comenzaron a separar a los cristianos del resto de trabajadores de confesión musulmana. Luego, esposaron a los primeros y se los llevaron con ellos.

“Eran 15 hombres armados y enmascarados que llegaron en cuatro vehículos. Tenían una lista de los nombres completos de los cristianos en el edificio”, dijo Aziz, que se salvó porque no abrió su puerta.

“Escuché a mis amigos gritando pero los hicieron callar rápidamente a punta de pistola. Después de eso, no escuchamos nada”, dijo Aziz, que tiene tres parientes entre los rehenes. “Todavía estoy en mi habitación esperando a que me lleven. Quiero morir con ellos”, agregó.

Con este suceso, ascienden a veinte los cristianos secuestrados en la última semana. Abu Makar, sacerdote copto de la ciudad natal de los trabajadores, Samalout, en el sur de Egipto, aseguró que unos días antes fueron raptados otros siete cristianos coptos mientras trataban de escapar de Sirte.

El Ministerio de Exteriores egipcio ha emitido un comunicado en el que asegura que están en contacto con los clanes tribales libios con influencia en la zona de Sirte y con la embajada de Libia en El Cairo para conocer el paradero de estos 20 trabajadores y hacer lo posible por su liberación. Mientras tanto, ha instado a los egipcios que trabajan en Libia a quedarse en casa hasta que el gobierno puede facilitarles un regreso seguro a Egipto. Badr Abdel-Atti, portavoz del Ministerio de Exteriores, ha aclarado que Egipto tiene evacuado su personal diplomático de Libia a causa de la gran inestabilidad que vive el país, donde “muchas de las regiones están fuera del control del Estado.” Egipto retiró a su embajador de Trípoli el año pasado después de que fuera secuestrado por un grupo de islamistas descontentos por la detención de un alto comandante de la milicia islámica en Egipto.

Se estima que cientos de miles de egipcios trabajan en el comercio y la construcción en Libia, intentando huir del desempleo en su propio país.

El terror islámico impone su ley

Los secuestros de los últimos días se suman a una larga lista de atentados, intimidaciones y asesinatos de cristianos en este país norteafricano.

El pasado 23 de diciembre, un grupo armado entró en la residencia de un centro de salud de Sirte y mató a tiros a un matrimonio de médicos egipcios coptos. A su hija, de 18 años, se la llevaron secuestrada.

El 24 de febrero, en la ciudad de Bengasi, se hallaron los cuerpos de siete egipcios cristianos, esposados y asesinados por disparos en la cabeza.

En marzo de 2013, decenas de cristianos coptos fueron torturados en un centro de detención dirigido por una milicia islámica en Bengasi. Los habían detenido en un mercado, tras inspeccionar y descubrir en sus muñecas derechas tatuajes de cruces, una marca común usada por muchos cristianos egipcios.

A todo ello hay que añadir las ejecuciones sumarias, los asesinatos políticos, las decapitaciones y violaciones de los derechos humanos bajo la aplicación de la ley islámica. Las diferentes facciones islamistas compiten por imponer la sharia más estricta y violenta en las zonas en las que operan, como forma de mantener el control por medio del terror. Los más perjudicados son los cristianos y otras minorías religiosas, aunque también los musulmanes moderados sufren las consecuencias. En muchos lugares, como en Derna, al este del país, los islamistas radicales ya tienen sus propios tribunales de justicia.

La descomposición de un país

Tras la caída del régimen de Muamar al Gadafi, Libia es un país en desintegración, sumido en una espiral de violencia, y en ausencia de una autoridad gubernativa clara, plagado de milicias y facciones tribales que tratan mantener el poder por la fuerza de las armas. Algunas de ellas, abiertamente adscritas al Estado Islámico. Hasta 1.700 hay contabilizadas.

Después de cinco gobiernos y unas elecciones que han servido de muy poco, Libia cuenta en la actualidad con dos gobiernos enfrentados entre sí. Uno, con sede en Tobruk, es el reconocido oficialmente por la comunidad internacional tras las elecciones del 25 de julio pasado. Su primer ministro es Abdulá al Thini. El segundo, con sede en Trípoli, está formado por representantes del antiguo Congreso, muchos de ellos islamistas. Su líder, Omar al Hassi, no reconoce el gobierno saliente de las elecciones y ha recibido hace poco el respaldo del Tribunal Supremo del país.

En medio de este caos, proliferan los grupos armados formados durante la guerra civil contra el régimen de Gadafi. Muerto el dictador y desaparecido el único objetivo común que les unía, extienden ahora su dominio por las diferentes ciudades y zonas del país enfrentados unos a otros por el poder.

Uno de los más importantes es Ansar al Sharía, vinculado a Al Qaeda, responsable del ataque al consulado de EEUU en Bengasi, en septiembre de 2012, en el que perdió la vida el embajador estadounidense en Libia, Christopher Stevens. Ansar al Sharía controla parte de Bengasi, la segunda ciudad más importante del país, en la que ha declarado el Emirato Islámico y aplica la sharia.

El resto de Bengasi y Tobruk está en manos de las tropas del general Jalifa Hifter, apoyado por el gobierno oficial.

Trípoli, la capital, y Misrata, están bajo control de una coalición de milicias islamistas, menos radical que Ansar al Sharia, llamada Fajr Libia, a las que el gobierno de Tobruk acusa de terrorismo.

Por su parte, en Derna opera el Consejo de la Shura, una franquicia local del Estado Islámico que aplica la versión más cruel de la sharia, incluyendo la decapitación como forma de castigo.

En la extensa región meridional del Fezán, confluyen diversos grupos terroristas vinculados a Al Qaeda responsables de muchos de los secuestros de occidentales perpetrados en el Magreb.

Los egipcios se convirtieron en el principal blanco de estas milicias después de que el gobierno egipcio apoyara al ejército libio de Gadafi durante la guerra civil. Además, el pasado mes de agosto, las milicias islamistas acusaron a Egipto y a Emiratos Árabes de enviar aviones a bombardear sus posiciones en apoyo del gobierno de Tobruk. Aunque Egipto trató de desmentir dichas acusaciones, sí que parece probada su participación.

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