Así es la “paz” instaurada por el Estado Islámico en Irak y Siria

Así es la “paz” instaurada por el Estado Islámico en Irak y Siria
2 agosto, 2015 Miguel Vidal Santos
Permiso de conducir expedido por el Estado Islámico

El Estado Islámico presume de que, al menos en el territorio que controla, la vida de la gente ha mejorado. Y en algún sentido no le falta razón… siempre que seas un buen musulmán.

Raqqa, la capital del Estado Islámico (EI) vive una más que dura y sanguinaria dictadura basada en una peculiar interpretación del islam. Pero el resto de Siria vive bajo el yugo de una dictadura controlada por el criminal Bashar Hafez al-Asad, lo que no convierte la alternativa siria al EI en el mejor de los mundos.

Para las minorías religiosas, el régimen de este oftalmólogo apoyado por el Irán chiita, Rusia, China, Cuba y los regímenes populistas latinoamericanos, es preferible al de sus oponentes, partidarios de un sunismo que les excluye de manera radical.

Por su parte, y a pesar de los bombardeos de la coalición internacional, el EI ha logrado hacerse con el control absoluto de la vida de los habitantes de Raqqa y otros lugares de Irak y Siria, y gobierna la vida de varios millones de personas.

Los yihadistas son los nuevos ricos del Estado Islámico

En la capital del Estado Islámico se ha normalizado el suministro eléctrico y se aplican las políticas propias de cualquier nación: un régimen fiscal diferenciado, un sistema educativo propio, un régimen jurídico aplicado a través de la implantación de un nuevo sistema judicial, una economía basada en el petróleo y el gas, etc.

La moneda local vive un proceso de depreciación y muchos productos se están encareciendo debido a la cada vez más fuerte presencia en Raqqa de yihadistas procedentes de otros países, especialmente de occidentales, que utilizan dólares o euros y a los que no parece importarles pagar precios mayores por el alojamiento o la alimentación.

El sueldo medio de un sirio se sitúa hoy alrededor de 75 dólares al mes, mientras que un yihadista gana unos 700 dólares mensuales, y además goza de privilegios especiales en el precio del alojamiento y en los suministros.

Sharia es igual a sangre

Huelga decir que las políticas aplicadas por el EI se basan en la interpretación más radical del islam y la sociedad resultante, rehén de la sharia, asiste impotente al espectáculo callejero de las ejecuciones y decapitaciones.

La policía del Estado Islámico se encarga de controlar las calles, jalonadas de controles en los que se comprueba que cada ciudadano porta la documentación que emite el propio grupo fundamentalista: permisos de conducir del EI (en la imagen), documentos de identidad emitidos por ellos mismos, certificados del pago de impuestos.

Las señales de tráfico de Raqqa y las ciudades controladas por el EI, al igual que los carteles de los edificios oficiales, también han cambiado. Ahora son negros, como la bandera del EI.

Latigazos por llevar la barba demasiado corta

La policía del EI comprueba asimismo que cada persona viste según las reglas marcadas por la sharia. Un cuerpo de policía femenina registra a las mujeres, que deben ir completamente cubiertas, incluidas las manos, con burkas de color negro.

En la práctica, las medidas represivas contra las mujeres son tales que la consecuencia ha sido su práctica desaparición: son muy pocas las que pueden verse por las calles del EI. Y posiblemente ese es el objetivo.

Por la calle se puede llegar a medir la longitud de la barba de los hombres y en caso de resultar excesivamente corta, los infractores pueden ser azotados en la vía pública, al igual que los barberos que no supieron cortar de acuerdo con el Corán.

La vigilancia sobre la práctica religiosa es igualmente estricta y la policía urbana se asegura de que todo el mundo rece cinco veces al día, a la hora establecida, y garantiza que en esos períodos de tiempo ningún comercio, ni servicio, esté en funcionamiento.

Prohibido utilizar Appel

La lista de prohibiciones es inacabable. Entre otras muchas, los dirigentes del Estado Islámico han prohibido el uso de aparatos que lleven la marca Appel, considerada arquetipo de la maldad occidental. Y la policía urbana puede inspeccionar los teléfonos móviles de cualquier ciudadano para comprobar que la lista de sus llamadas, o los mensajes que ha enviado y recibido, no incumplen la sharia ni son sospechosos de desafección al EI y al islam.

En cuanto a la educación, de los planes de estudio de los niños iraquíes y sirios sometidos al régimen del EI han desaparecido todas las materias que tienen relación con el conocimiento (ciencias, matemáticas, literatura, geografía, etc.), sustituidas todas ellas por el conocimiento del islam y del Corán.

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