Cristianos frente a Boko Haram

Cristianos frente a Boko Haram
25 septiembre, 2015 Antonio Velázquez
In destacados

Los cien días del presidente  Muhammadu Buhari al frente de Nigeria no han servido, de momento, para cumplir una de sus promesas electorales: acabar con el terrorismo de Boko Haram.

El pasado domingo, varios artefactos explosivos estallaron en las inmediaciones del aeropuerto de Maiduguri, en el estado de Borno, causando 52 muertos y varias decenas de heridos.

En lo que va de año, Boko Haram ha matado a más de 2.500 personas en Nigeria, Chad, Camerún y Níger, a pesar de la creciente presión militar de los países de la región del lago Chad. La zona más castigada sigue siendo la ciudad de Maiduguri, de dos millones de habitantes y donde el ejército ha establecido su cuartel general para luchar contra la insurgencia.

A pesar del incesante castigo de los terroristas, los militares han logrado mejorar ligeramente las condiciones de seguridad de la ciudad en las últimas semanas y devolver una cierta normalidad a las comunicaciones. Maiduguri llevaba dos años prácticamente aislada del resto de Nigeria.

Pero son avances todavía insuficientes. Los habitantes de Maiduguri tienen miedo de salir por la ciudad, debido a los continuos ataques suicidas y a las bombas, como las del pasado domingo.

El portavoz del Ejército nigeriano, Sami Usman ha lanzado un mensaje de tranquilidad a la población y de firmeza contra los milicianos yihadistas: “El Ejército nigeriano no se detendrá ante nada y está decidido a acabar con los terroristas de Boko Haram en el menor tiempo posible”.

El compromiso del presidente Buhari

El menor tiempo posible al que se refiere el portavoz es noviembre. Al menos, este fue el compromiso del general Buhari al llegar a la presidencia el pasado mes de mayo, después de unas elecciones marcadas por la amenaza de Boko Haram, hasta el punto de que los comicios hubieron de aplazarse seis semanas.

La erradicación del terrorismo yihadista se convirtió también en el eje central de los discursos y de las promesas de los dos candidatos, y muchos analistas destacan que fue un factor determinante en la victoria del musulmán moderado Buhari frente al cristiano Goodluck Jonathan.

Muchos vieron la condición militar de Buhari, su disciplina, la claridad de sus declaraciones y contundencia frente a la amenaza de Boko Haram, una esperanza que disipó en la población los resquemores sobre su pasado golpista.

A pesar de las acusaciones vertidas sobre su intención de “islamizar” el país, Buhari se ha declarado un musulmán suní moderado y tolerante, que busca reconciliar el país y evitar que la religión se convierta en un factor de confrontación. De hecho, muchas organizaciones cristianas apoyaron su campaña.

Sin embargo, la situación de los cristianos en el país dista mucho de ser la ideal, y la acción terrorista de Boko Haram no ha hecho sino agravar las cosas.

Los cristianos, en condiciones miserables

En el norte del país, casi 2.000 cristianos se han visto obligados a establecerse en campamentos de refugiados, en unas condiciones terribles: colas enormes para recibir raciones de alimentos, niños huérfanos de ambos padres malviviendo entre las lonas, hambre, enfermedades, etc…

Unos de los planes del gobierno era que los cristianos vivieran junto a los musulmanes en estos campos de refugiados. Pero algunos líderes religiosos ya han denunciado que los cristianos hubieron de enfrentarse a la provocación y la discriminación cuando trataron de integrarse.

Se ha dado el caso de algunos cristianos que se han convertido al Islam para hacer su vida más fácil en los campamentos, pero la mayoría ha preferido mantener su fe y crear su propio campamento al margen.

Esta ruptura de la convivencia entre los diferentes grupos de fe es una consecuencia de la inestabilidad persistente que Boko Haram ha traído hasta el norte de Nigeria.

Los cristianos en Maiduguri tienen motivos para sentirse desesperados. Después de cada atentado o cada incursión sangrienta de los terroristas, regresan a sus hogares enfermos, hambrientos y traumatizados.

Pero las iglesias locales están ayudando a paliar el hambre y los efectos de la guerra. El obispo de Maiduguri, Monseñor Doeme, ha tomado una decisión inusual pero valiente: enviar sacerdotes a las comunidades más afectadas y peligrosas. Desea que los sacerdotes acompañen a la población mientras tratan de reconstruir sus vidas.

Comments (0)

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*