Egipto, entre el luto y la venganza

Egipto, entre el luto y la venganza
19 febrero, 2015 Antonio Velázquez

El presidente de Egipto, Abdefaltah al Sisi, ha buscado esta semana una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para que pueda llevarse a cabo una intervención de una coalición internacional en Libia.

“No hay otra opción”, indicó el pasado martes en una entrevista en la emisora francesa Europe 1, en la que expresó su deseo de que la respuesta no sea únicamente militar, sino “global, intelectual, educativa, económica, cultural y política” para luchar contra el terrorismo.

“No permitiremos que corten las cabezas de nuestros hijos”

El presidente egipcio había instado el martes a afrontar el problema libio, considerando que la “misión no había culminado con éxito” por parte de  los europeos, en referencia a la intervención militar que hizo caer el régimen  de Muamar Gadafi en 2011. Al Sisi recordó que, en aquel entonces, Egipto advirtió del “gran peligro” que suponía una Libia sumida en el caos para la seguridad y la estabilidad “no solamente de los libios, sino también de sus vecinos y los europeos”.

“Hemos abandonado al pueblo libio, prisionero de milicias extremistas”,  se lamentó Sisi, que inspeccionó ayer las fuerzas encargadas de garantizar  la seguridad en la frontera con Libia y les pidió “que mantengan el máximo  nivel de preparación para cumplir toda misión para la protección de la  soberanía de Egipto”. El Ejército egipcio se enfrenta en su suelo, en el Sinaí (este), con la insurrección del grupo yihadista Ansar Beit al Maqdess, aliado con el Estado Islámico  desde noviembre.

Asimismo, el mandatario egipcio ha pedido a la comunidad internacional que se entregue armamento al Gobierno de Libia reconocido internacionalmente, con sede en Tobruk, para que haga frente a la amenaza terrorista.

En esa misma línea se ha manifestado el canciller de Libia, Mohammed Al  Dairi, pidiendo al Consejo de Seguridad de la ONU la suspensión del  embargo de armas impuesto a su país para combatir a los  yihadistas, pero rechazó la idea de una intervención internacional. El ministro libio se lamentó de que a pesar de que los grupos yihadistas que  operan desde su país “amenazan a África y a Europa”, Trípoli “no recibe la  misma atención que Siria o Irak”.

Se necesita también, dijo, “imponer un bloqueo naval” para impedir la entrega de armas a las milicias que operan en regiones de Libia “que escapan al  control de las autoridades legítimas”.

Varios miembros del Consejo, entre ellos Rusia, son reticentes a un  levantamiento del embargo impuesto desde 2011 a Libia y evocan el peligro de  que las armas caigan en malas manos.

Reacciones en el mundo

Libia se ha convertido para los expertos occidentales en la nueva Siria o la nueva Somalia del Mediterráneo, y los especialistas también coinciden en que este Estado fallido es el caldo de cultivo propicio para una presencia del Estado Islámico cada vez más creciente. Sin embargo, no hay unanimidad en la estrategia a seguir en territorio libio contra el yihadismo.

Estados Unidos, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y España destacaron el martes en una declaración común la necesidad de trabajar en aras de una “solución política del conflicto” en Libia.

El representante de la ONU en Libia, Bernardino León, dijo el miércoles que “esperaba que se llegara pronto a un acuerdo político” entre las facciones en Libia para permitir la formación de un Gobierno de unidad nacional.

Después de bombardear el lunes posiciones de la rama libia del grupo Estado  Islámico (EI) en represalia por la decapitación de 21 cristianos coptos, el presidente egipcio, Abdel Fatah al Sisi, había estimado que la única opción era  pedir a la ONU una resolución sobre la intervención militar de una coalición internacional en Libia.

Sin embargo, las diferencias en el seno de la Liga Árabe no tardaron en aparecer. Ante las reticencias de Catar a aprobar una cláusula que permitiera los bombardeos egipcios sobre objetivos yihadistas, el delegado egipcio, Tariq  Adel, acusó a Catar de apoyar el terrorismo. Catar ha llamado a consultas a su embajador en Egipto.

Los gobiernos occidentales enfriaron el ardor egipcio y Túnez, fronterizo con Libia, también se opuso a una intervención en el país vecino.

Sin embargo, Italia advirtió de que el tiempo para una solución política  está contado. “El deterioro de la situación en el terreno requiere de un cambio  de ritmo por parte de la comunidad internacional antes de que sea demasiado tarde”, declaró su ministro de Asuntos Exteriores, Paolo Gentiloni.

La preocupación en Italia es tal que, durante el fin de semana, hasta tres ministros –Exteriores, Defensa e Interior— llegaron a declarar que el Gobierno italiano vería con buenos ojos liderar una intervención militar en Libia y, en paralelo, se puso en marcha una operación para la repatriación de sus connacionales.

Aunque el primer ministro, Matteo Renzi, intentó el lunes zanjar con firmeza la discusión –“no es momento para intervenciones militares”— la preocupación procede de dos focos. Las continúas oleadas de inmigrantes africanos que, partiendo de las costas de Trípoli, siguen llegando a Italia y la amenaza expresa del grupo armado Estado Islámico a través del vídeo en el que muestran la decapitación de 21 cristianos coptos. “Es un mensaje firmado con sangre a la nación de la cruz”, dice un encapuchado mientras señala con un cuchillo las costas de Italia, “antes nos habéis visto en una colina de Siria. Ahora estamos al sur de Roma, en una playa de Libia”. A continuación, las aguas se tiñen de rojo.

Egipto, de luto nacional

Egipto inició un período de luto nacional de siete días después de que, el 15 de febrero, las milicias islamistas publicarán el vídeo que mostraba la decapitación de 21 cristianos coptos en Libia.

Los 21 hombres, todos jornaleros del poblado de Samalout, en la parte rural y menos desarrollada de la provincia de Minya, en el Alto Egipto, habían sido capturados por milicias armadas en dos secuestros distintos, el 29 de diciembre y el 3 de enero respectivamente. Los secuestradores habían comprobado primero qué religión figuraba en sus documentos de identidad, antes de tomar como rehenes a los cristianos y dejar libres a los musulmanes.

El padre Estafanous Shehata, sacerdote de la iglesia Mar Marcos en Samalout, ha expresado que “Nuestro único consuelo es que nuestros 20 mártires están en el cielo con el Señor Jesucristo ahora, fueron martirizados mientras coreaban el nombre de Jesucristo. Pedimos condolencias para sus familias y seres queridos”.

Uno de los hombres, Luke Nagaty Anis, de 27 años, nunca llegó a ver a su hija que nació mientras él estaba en Libia. Su hermano, Shenouda Nagaty Anis, contó el gran shock que sufrió la familia cuando escucharon la noticia: “Mi madre se desmayó y nuestra casa estaba llena de llanto”. A pesar del dolor, en sus palabras asoma el orgullo cuando cuenta cómo Luke, y también su primo Essam, “mantuvieron su fe hasta el último momento”.

El poblado de Al-Our perdió a 13 hombres en la ejecución. Uno de sus vecinos, Beshir Estafanous Kamel, de 31 años, perdió a sus dos hermanos. “Aún no me puedo imaginar que no voy a verlos nunca más. Fueron asesinados por ser cristianos… mencionaron el nombre de Jesucristo antes de ser ejecutados”.

El padre Makar Issa, un sacerdote de Al-Our, describe los gritos y lamentos en el pueblo como “tristeza extrema entre todos los residentes”. Pidió al presidente Al-Sisi y a otros líderes políticos que “hicieran todo lo posible” para traer de vuelta los cuerpos de los hombres, para ayudar con el proceso de recuperación.

Muchos cristianos de Minya han ignorado las advertencias previas del presidente de abandonar sus empleos como expatriados en Libia, debido a que sus familias dependen de las remesas que envían a casa, ganancias de su trabajo en las industrias del petróleo y del gas, entre otras.

El gobierno egipcio ha emitido un pago de 100.000 libras egipcias (aprox. 13.000 dólares americanos) a las familias de cada uno de los hombres ejecutados, y dio instrucciones de que recibieran un paquete gratuito de atención médica y educación.

El debate Al-Azhar reavivado

Las ejecuciones ya han provocado debates feroces en la sociedad civil egipcia, que ha comenzado a condenar abiertamente la extremista teología wahabí y salafista que se enseña en la Universidad de Al-Azhar, la principal institución de enseñanza islámica de Egipto.

Horas después de que se publicara el vídeo del Estado Islámico, el periodista egipcio Ibrahim Eissa dijo en su talk show televisivo en la noche de los domingos: “La matanza de los coptos en Libia es una cosecha de espinas plantadas hace 40 años a través de las ideas del Islam político”. Y añadió que la masacre se basaba sin duda en la ideología religiosa que se enseña en las escuelas de Egipto y en la propia Universidad de Al-Azhar.

En un discurso ante el Foro Económico Mundial en Davos el 22 de enero, el presidente Sisi destacó que el papel de Al-Azhar era “purificar” el discurso religioso para combatir el extremismo, indicando que los musulmanes necesitan reformarse.

Al-Azhar rápidamente calificó los asesinatos en Libia de “bárbaros”, aunque los detractores de la universidad apuntan que el pasado mes de diciembre – en una conferencia internacional sobre el extremismo y el terrorismo – Al-Azhar se negara a definir a los combatientes del Estado Islámico como “infieles”.

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