El nacionalismo hindú amenaza la libertad religiosa

El nacionalismo hindú amenaza la libertad religiosa
2 febrero, 2015 Antonio Velázquez

El pasado 26 de mayo, el partido nacionalista hindú ‘Bharatiya Janata Party’ (BJP) ganó las elecciones en la India después de 10 años de gobierno del Partido del Congreso. Ocho meses después, con el primer ministro Narendra Modi al frente del país, la situación de las minorías religiosas en la India ha empeorado de manera significativa.

Grupos extremistas hindúes, apoyados por miembros del partido en el gobierno (BJP), promueven campañas sistemáticas de incitación al odio y ataques contra las minorías religiosas, en particular contra las comunidades musulmanas y cristianas, que son, respectivamente, el 13% y el 2,5% de la población.

Estas minorías han expresado en reiteradas ocasiones su temor de que la libertad religiosa, garantizada por la Constitución de la India, se vea restringida. En su artículo 25, ésta establece que todas las personas gozan por igual de la libertad de conciencia y del derecho a profesar, practicar y propagar libremente la religión.

La Constitución se ha sostenido durante seis décadas y media, pero sigue siendo un documento frágil. El Tribunal Supremo ha afirmado en repetidas ocasiones que sus elementos básicos no pueden ser alterados. Pero permite modificaciones para que esté en sintonía con los tiempos, y para atender a nuevas situaciones.

La libertad religiosa, amenazada

En la práctica, el Estado se reserva el derecho a imponer restricciones a la Constitución, y lo ha hecho con frecuencia. El derecho a la libertad de religión está sujeto, generalmente, al orden, la moral y la salud públicas, y al resto de las disposiciones de la Constitución.

Según el All India Christian Council (Consejo Global de Cristianos de la India), la Conferencia Episcopal Católica de la India y grupos de otras Iglesias, tres disposiciones concretas coartan la libertad de credo y son enormemente discriminatorias:

  1. El artículo 341, que penaliza efectivamente a las Castas Clasificadas, o parias (dalits), si se convierten al cristianismo o al islam. La ley reconoce derechos y beneficios económicos, educativos y sociales sólo para los dalit hindúes, con exclusión de los beneficios de los dalit cristianos y musulmanes.
  2. Las leyes anticonversión, que controlan las conversiones religiosas, llevan décadas en la legislación de estados como Orissa, Madhya Pradesh y Arunachal Pradesh. En los últimos años se han promulgado leyes de este tipo en Chhattisgarh, Gujarat, Himachal Pradesh y Rajastán. Miembros del partido Bharatiya Janata (BJP) han declarado en numerosas ocasiones que, si llegan al poder del Gobierno federal, impondrán una ley nacional anticonversión. Alliance Defending Freedom India declara que las leyes anticonversión son crueles y lo único que consiguen es fomentar la animadversión religiosa y la división, además de haber impulsado la violencia contra los cristianos. La Iglesia afirma que son leyes que violan la Constitución de la India imponiendo restricciones al derecho a la libertad de palabra y expresión, de conciencia y de practicar y propagar la religión que se desee. El Tribunal Supremo y varios altos tribunales han defendido la ley.
  3. La ley de regulación de las donaciones extranjeras, claramente contraria a las organizaciones no gubernamentales, pero que se utiliza de forma selectiva contra los grupos y ONG cristianas, que contribuyen al fortalecimiento social de los pobres o marginados. La ley de regulación de las donaciones extranjeras vigila y controla las remesas, préstamos y donaciones que efectúan países extranjeros a las organizaciones no gubernamentales de la India y otros voluntarios entre los que se cuentan movimientos eclesiales y pastores individuales. Se ha utilizado con frecuencia de forma abusiva para presionar a las iglesias y a otros grupos. En 2013, se cancelaron las licencias de 400 organizaciones, entre ellas la de una diócesis católica. Varias agencias donantes occidentales también han entrado en la lista negra.

En la práctica, hay más obstáculos aún para el ejercicio de la libertad religiosa. Las actividades de evangelización, por ejemplo, como pueden ser los encuentros de oración de grupos pequeños, las reuniones de sanación, la distribución de biblias y folletos, etc., suscitan la ira de una serie de grupos hindúes de activistas, apoyados con frecuencia por la policía local. Algunos misioneros han recibido agresiones y palizas.

Las dificultades para construir iglesias son cada día mayores. Desde el pastor independiente más insignificante, los grupos pentecostales y hasta la iglesia católica, todos tienen cada vez mayores dificultades para levantar iglesias nuevas. Las licencias de obras suelen ser la excusa, pero incluso en los casos en que ha sido obtenida, las autoridades obstaculizan y paralizan los trabajos, cuando no ordenan la demolición de templos existentes.

Modi, un ultra hinduista

De momento, el primer ministro Modi guarda silencio frente a las voces de su enorme ejército de partidarios y colegas ideológicos que pretenden desmantelar la Constitución de 1950 y todos sus valores básicos. En especial, los relativos a la libertad de religión y de creencias, que son considerados como un obstáculo en la construcción o reconstrucción de aquella India idealizada por los nacionalistas que estaba en las escrituras y las historias de antaño.

No en vano, consideran la Constitución una reliquia colonial, cristiana y ajena, que no tiene raíces ni lugar en la cultura india.

Sin embargo, las sospechas de que en cualquier momento pueda abanderar este proyecto son altas, pues no es ningún secreto que fue líder del Rashtriya Swayamsewak Sangh (RSS) una organización hinduista de extrema derecha que propugna la unión de todos los indios en una sociedad homogénea bajo las normas de una sola religión (la religión hinduista), subordinando a todas las demás religiones existentes en la India. Hoy día sigue profesando su ideología. De hecho, su partido, el BJP, es el ala política del Sangh Parivar, una poderosa organización inspirada en el RSS.

Una amplia campaña anticristiana

Grupos afiliados al RSS han lanzado últimamente una campaña para convertir a los cristianos y musulmanes más pobres al hinduismo, un proceso que llaman Ghar Wapsi, o regreso a casa. Su argumento es que todo indio en realidad es hindú, y que los cristianos y los musulmanes son los que se han extraviado o han sido comprados por los misioneros. Así, destinarán 500.000 rupias – unos 8.000 dólares – para cada musulmán que convierten, y 200.000 rupias para cada cristiano.

En el estado central de Chhattisgarh, donde hace algunos meses grupos radicales promulgaron decretos en las localidades prohibiendo la entrada de pastores cristianos y los servicios religiosos que no fueran hindúes, la atención se centra ahora en las escuelas católicas, que compiten con la red de escuelas para niños donde el Sangh Parivar enseña su ideología.

En la región tribal de Bastar se exige a las escuelas cristianas que instalen estatuas de la diosa hindú del aprendizaje, Saraswati. Los sacerdotes que dirigen estas instituciones ya no se pueden llamar “padre”, sino que hay que dirigirse a ellos como “Pracharya” o maestro. Se han registrado agresiones a pastores protestantes y redadas en las reuniones de cristianos en casas particulares. Como dato anecdótico, Papá Noel ha sido proscrito.

Como ya hemos visto, algunos ministros del BJP se han pronunciado favorablemente sobre la necesidad de una ley nacional contra las conversiones religiosas.

La ministra del Sr. Modi para la educación, la ex actriz de televisión Smriti Boman Irani, ha ordenado una revisión de los libros de texto, especialmente los de historia, para incorporar más tradiciones antiguas de la India, incluyendo referencias a textos sagrados hindúes.

El gobierno de Modi ordenó a principios de diciembre que el día de Navidad pasaría a llamarse “Día de Buen Gobierno”, en honor del cumpleaños, no de Jesús, sino del Sr. Atal Behari Vajpayee, el primer primer ministro del BJP que gobernó entre 1998 y 2004. La medida fue frenada a última hora gracias a la enérgica protesta llevada a cabo por la iglesia y la sociedad civil.

Musulmanes y cristianos sienten que están siendo cada vez más asfixiados por las campañas de odio y violencia que llevan a cabo las fuerzas Sangh, que tienen a la policía de su parte, y a nivel nacional por los gobiernos federales y estatales que parecen apoyarles.

Pero la verdadera amenaza para la sociedad india reside en el golpe que se pretende dar a su Constitución, que ha evolucionado como un gran documento democrático internacional que protege a cientos de culturas, lenguas, razas. Los grupos hindúes extremistas Sangh la consideran una herencia británica que no tiene lugar en “rashtra hindu”, la tierra de los hindúes.

Persecución violenta e intolerancia religiosa

Desde la década de 1990, grupos de activistas hindúes atacan a los cristianos, sobre todo a los grupos evangélicos y pentecostales. En 2007 y 2008, se produjeron ataques organizados contra los cristianos, en especial en los estados de Orissa y Karnataka. Los grupos de activistas hindúes de orientación derechista como el Rashtriya Swayamsewak Sangh y el Vishwa Hindu Parishad lo justifican diciendo que las “religiones no índicas” son “religiones extranjeras” para las que no hay sitio en el país.

La violencia física contra miembros del clero y de las congregaciones y los ataques a iglesias, son una manifestación muy común en la India de la intolerancia religiosa.

Entre 2007 y 2008, los ataques a las comunidades cristianas fueron de tal violencia que causaron la destrucción de unas 5600 viviendas y alrededor de 300 iglesias, según cálculos del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas de Ginebra. La población cristiana de 400 pueblos fue literalmente borrada, y a consecuencia de ello, unos 56000 desplazados fueron obligados a vivir durante un año en campos de refugiados del Gobierno y la Iglesia.

El coste en vidas fue aún peor: alrededor de 100 cristianos, hombres y mujeres, fueron quemados vivos o asesinados a machetazos durante esta ola de violencia. Los Tribunales aún no han juzgado a los culpables.

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