Sobrevivir al Estado Islámico

Sobrevivir al Estado Islámico
6 marzo, 2015 Antonio Velázquez
In destacados

Ser cristiano y sobrevivir a un secuestro del Estado Islámico es casi un milagro que muy pocos pueden contar.

Sin embargo, 19 rehenes capturados durante la dura ofensiva que los yihadistas lanzaron a finales de febrero sobre varias decenas de pueblos cristianos a lo largo del río Khabur, en la provincia Hassaka, en el noreste de Siria, fueron liberados el pasado lunes. Una noticia que abre un panorama de esperanza sobre el destino de los aproximadamente 200 que aún siguen en poder de los terroristas.

La hipótesis más probable de su liberación es la de la edad. El grupo, compuesto de 17 hombres y 2 mujeres, tiene más de 50 años. Todos eran civiles de la aldea de Tel Goran, a excepción de uno de ellos, que se cree que fue capturado un mes antes. Los líderes árabes sunitas locales ayudaron a negociar la libertad de los rehenes de Tel Goran.

Al día siguiente de la liberación, los terroristas dejaron en libertad a cuatro rehenes más, entre ellos una niña de 6 años llamada Mariana y su tía abuela. Aunque los milicianos ordenaron la liberación del padre de Mariana en el primer grupo de cautivos, más tarde le exigieron regresar para pagar un rescate por la libertad de su hija. Los otros dos liberados son originarios de un pueblo de la zona, Tel Shamiran.

“No creíamos que íbamos a salir con vida”

Uno de los rehenes liberados de la aldea de Tel Goran, de nombre Robert, cuenta con horror cómo fue la noche que se los llevaron presos. Las milicias del Estado Islámico los despertaron sobre las 5 de la madrugada. El destacamento que protegía el pueblo se había marchado una hora antes. Los rodearon y mantuvieron bajo vigilancia mientras duraron los combates contra las fuerzas kurdas y asirias, cuyas posiciones estaban situadas en la margen norte del río. “ Podíamos oír el intercambio de fuego entre ellos e ISIS”. Luego fueron conducidos a Mt. Abdul Aziz, y a la mañana siguiente los llevaron al norte en un tortuoso camino de cuatro horas, hacia las montañas.

Durante los siguientes días de cautiverio, “no dejaban de presionarnos para que nos convirtiéramos al Islam. Era su principal objetivo. Estábamos en constante temor. Pero no fuimos torturados”. Cuando se negaron a convertirse, se les informó que debían pagar el jizya, un impuesto a cambio de la conversión.

“Dijimos que pagaríamos el jizya, pero que no nos convertiríamos”. Más tarde, los terroristas decidieron no cobrarles el impuesto, ya que los aldeanos no habían luchado contra ellos. Pero pusieron una condición para su liberación: los cristianos no podrían regresar a su aldea. “Dijeron que si regresamos y nos capturaban de nuevo, nos matarían. Ellos decapitarían a los hombres y esclavizarían a las mujeres “.

El camino de regreso a Hassaka tuvo lugar en un coche conducido por un miembro del Estado Islámico. Robert cuenta que la gente estaba asustada, pero “muy feliz al ver la iglesia de Santa María, llena, y toda la gente allí esperándoles”.

La ciudad de Hassaka está ya prácticamente vacía. “No quedan civiles asirios en toda la zona. Todo el mundo está haciendo planes para salir”, reconoció uno de los rehenes liberados, que está obligado también a dejar la ciudad si no quiere morir decapitado.

Rehenes usados como escudos humanos

Las noticias que llegan sobre el paradero del resto de rehenes cristianos es confusa. La Red Asiria para los Derechos Humanos en Siria ha alertado de que los extremistas podrían usar a los cautivos como escudos humanos en los ataques aéreos de la coalición contra la ciudad de Shadadi, a 40 millas al sur de Hassaka. Sin embargo, agencias de prensa apuntan la idea de que serán utilizados para intercambiar prisioneros con las fuerzas kurdas, que tienen en su poder a algunos combatientes del Estado Islámico.

Mientras, los enfrentamientos continúan entre los yihadistas del EI y las fuerzas kurdas y asirias, que tratan de expulsarlos de la región de Khabour, en la provincia de Hassaka. El pasado 27 de febrero, los combatientes kurdos obligaron a los yihadistas a replegarse de Tel Hamees, un bastión estratégico cerca de la frontera entre Siria e Irak que el EI había mantenido en su poder durante casi un año.

Informes no confirmados indican que al menos nueve miembros de la milicia cristiana asiria “Sutoro” han muerto en el área de combate Khabour, entre ellos dos mujeres.

“El río Khabour está ahora controlado por el Estado Islámico”, dijo el reverendo Emanuel Youkhana, jefe del Programa de Ayuda Cristiana en el norte de Irak. “La parte norte está controlado por los combatientes asirios y kurdos, y los 3000 cristianos de la zona han dejado sus hogares y han huido a Hassaka y Qamishli”, dijo.

Refugiados cristianos camino del Líbano o Turquía

Unos 40 cristianos asirios han huido a través de la frontera con el Líbano, donde llegaron el 2 de marzo. Un miembro del parlamento libanés, Michel Aoun, defendió con fuerza la expedición de visados especiales de una semana para los asirios desplazados. “No queremos que [los cristianos] se refugien en Europa o en cualquier otro lugar. Es un crimen tratar de esta manera a personas que han vivido en el Levante durante siglos”.

En Turquía, sin embargo, no parecen ser tan bienvenidos. Apenas unos días después de que comenzaran los ataques del EI, el arzobispo siro-católico de Hassaka-Nisibi, Jacques Behnan Hindo, acusó a Turquía de impedir la huida por la frontera turca a los cristianos asirios atrapados en Hassaka y Qamishli.

El periodista turco Cengiz Aktar reconocía este mismo miércoles en su columna del Today’s Zaman Newspaper que “han excavado una gran trinchera en el lado turco de la frontera, para evitar que se cruce en cualquier dirección. Por lo tanto, los sirios no pueden huir a Turquía, y Turquía no se puede enviar ayuda”.

“El gobierno turco se abstuvo de condenar los ataques del Estado Islámico a los asirios, como lo hizo durante los ataques a Sinjar (contra los yazidíes) y a Kobani”, continuó. “Algunos argumentan que el gobierno apoya indirectamente estos ataques mediante la apertura de las compuertas de la presa del río Khabour, poniendo a los sirios en una posición muy difícil”.

“En cuanto a los medios de comunicación turcos”, Aktar observó que, como siempre, “no están interesados en la difícil situación de los sirios”.

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