Francia ya no es segura para los judíos

Francia ya no es segura para los judíos
15 enero, 2015 Antonio Velázquez
In destacados

El mundo sigue horrorizado con la matanza perpetrada en París la semana pasada. Pero no sólo los trabajadores de la revista Charlie Hebdo sufrieron el zarpazo de los terroristas.

La comunidad judía de Francia siguió con angustia los hechos y el fatal desenlace, pues también ellos fueron víctimas.

En el supermercado kosher de Porte de Vincennes, atacado un día después, murieron cuatro personas de religión hebrea. Conscientes de que son el gran enemigo del islamismo, y de que la violencia contra la comunidad judía puede exacerbarse, muchos se plantean ya abandonar Francia.

“No nos vamos a quedar aquí esperando morir”

Así se expresaba Yohan Dumas, uno de los supervivientes de la matanza de la tienda, que salvó su vida escondido en el sótano y fue testigo de cómo el secuestrador disparaba a los rehenes en el piso de arriba.

Dumas se marchará a Israel la semana próxima. Aunque su decisión está motivada por los dramáticos sucesos que casi le cuestan la vida, su caso no es un caso aislado.

Cerca de 7.000 judíos franceses emigraron a Israel en 2014, el doble que el año anterior. Por primera vez, llegaron a Israel más judíos desde Francia que desde cualquier otro país del mundo.

Puede tratarse de un número pequeño en comparación con el medio millón de judíos que vive en Francia, que alberga la comunidad hebrea mayor de Europa, pero es una tendencia significativa que muestra el nivel de antisemitismo en la sociedad francesa.

Según estadísticas del Congreso Judío Europeo, desde hace años el número de ataques y atentados antisemitas en Francia va en aumento.

“Los judíos sabemos que somos un blanco especial. El gobierno no puede evitar este tipo de ataques cuando son perpetrados por terroristas aislados. En realidad no es posible defendernos”, señala David Boukobza, un joven estudiante de Farmacia del barrio parisiense de Marais. Desde el ataque islamista a una escuela judía en Toulouse, en 2012, en la que murieron cuatro personas, Boukobza ha estado usando su kipá oculto bajo un sombrero. “Como judío, el miedo siempre está presente. Mi libertad religiosa está restringida”.

La comunidad judía bajo amenaza

Esta misma semana, durante la sesión especial del Parlamento sobre la amenaza terrorista, el primer ministro francés Manuel Valls ha resaltado que el primer problema que hay que abordar es el antisemitismo, dado que “la sociedad francesa y los intelectuales no han reaccionado lo suficiente” ante los ataques contra los judíos. Nadie había hablado tan claro desde hacia mucho tiempo sobre el antisemitismo. “No quiero una Francia donde los judíos tengan miedo y los musulmanes sientan vergüenza”, ha dicho.

Desde hace tiempo, las asociaciones judías en Francia demandan una mejor protección por parte del Estado, que se combata más decididamente el antisemitismo, así como una mejor educación sobre todo para jóvenes musulmanes.

Sólo un mes antes de los atentados, el presidente del Consejo de Instituciones Judías en Francia, Roger Cukiermann, advirtió de un agravamiento de la situación. “La palabra ‘judío’ se usa como insulto en las escuelas francesas. Esto es terrible”.

Si bien la mayoría de los cinco millones de musulmanes que viven en Francia son pacíficos, diversos analistas han detectado un creciente islam militante popular, que atrae sobre todo a los jóvenes. Las estadísticas hablan por sí mismas: la mayor parte de los radicales que viajan de Europa a Siria para unirse al Estado Islámico provienen de Francia.

La aliyá, cada vez más demandada

Muchos líderes políticos israelitas, incluido el primer ministro Benjamín Netanyahu, viajaron a Francia después de los ataques. El mensaje de Netanyahu fue claro: Israel está listo para darle la bienvenida con los brazos abiertos a quienes quieran ir.

La aliyá es un concepto esencial en la cultura y la religión judía y constituye la base fundamental del sionismo. La Ley de Retorno israelí, de 1950, garantiza a cualquier judío del mundo su derecho a migrar a Israel, establecerse allí y obtener casi sin trabas la ciudadanía israelí. El término aliyá incluye tanto la migración voluntaria por razones ideológicas, emocionales o prácticas como, por otro lado, la de las poblaciones de judíos perseguidos.

El organismo de gobierno encargado de revisar la migración y la entrada de judíos que desean ejercer su derecho a vivir en Israel es la Agencia Judía. Según sus datos, los judíos que consultaron sobre el proceso para mudarse desde Francia hacia Israel superaron los 50.000 en 2014.

Las víctimas, muy unidas a Israel

Los cuerpos de Yohav Hattab, Yohan Cohen, Philippe Braham y François Michel Saada, llegaron el martes al aeropuerto israelí de Ben Gurion acompañados por sus familiares.

Durante los funerales, el Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, afirmó que los dirigentes del mundo empiezan a entender la amenaza que constituye el extremismo islámico, después de los atentados en Francia.

“Creo que la mayoría entiende, o al menos empieza a entender, que el terrorismo cometido por el islam extremista representa una amenaza clara y real para la paz en el mundo en el que vivimos”, dijo Netanyahu.

Los líderes de la comunidad judía en Francia han asegurado que todas las víctimas del ataque del viernes tenían estrechos lazos con Israel.

Yohan Cohen, de 22 años, trabajaba en la tienda de atacada por Amedy Coulibaly. Era amigo de Lassana Bathily, un musulmán que salvó las vidas de varios clientes al desconectar la cámara frigorífica y esconderlos dentro antes de escapar por una salida de incendios para informar a la policía sobre la presencia del agresor.

Yohav Hattab terminó el instituto en Túnez antes de mudarse a París para asistir a un curso de negocios sobre marketing. Murió cuando intentaba arrebatar una de las armas de Coulibaly, según testigos citados por medios franceses. El joven, de 21 años, era el hijo del principal rabino de Túnez.

François Michel Saada, un pensionista de 60 años, murió cuando compraba comida para el Sabbath. Nacido en Túnez, dejó una esposa y dos hijos, ambos residentes en Israel.

Philippe Braham, director de ventas en la cuarentena, era hermano del rabino de una sinagoga en un suburbio de París, según el diario francés Le Parisien.

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