Hermana María Guadalupe, misionera en Aleppo (Siria)

Hermana María Guadalupe, misionera en Aleppo (Siria)
28 marzo, 2016 Laura Jiménez

 

Biografía

  • Nacida en 1973 en Villa Mercedes (Argentina).
  • Actualmente es misionera en la ciudad de Aleppo (Siria).

 

Información

La hermana Guadalupe es misionera en Aleppo. Desde esta ciudad Siria cuenta, desde hace 5 años, la vida bajo el drama de la guerra y el asedio a los cristianos.

“Yo llegué a Alepo en enero de 2011, cuando no pasaba nada. Era una ciudad occidentalizada, de clase media acomodada. Era el corazón económico de Siria. Cuando empezaron las protestas todos pensaron que era esporádico, lejano. Pero de a poco comenzó a subir y nos llegó a nosotros. Cuando nos dimos cuenta ya teníamos en la puerta los tiros, los bombardeos, los aviones”.

Creció en San Luis (Argentina), pero estudió en Mendoza, en el Instituto del Verbo Encarnado. Lleva 18 años en Oriente Medio, y los últimos los ha pasado en la ciudad siria de Aleppo, donde la guerra castiga sin piedad a sus habitantes. “La amenaza es permanente porque la guerra es en plena ciudad; disparan al azar, no respetan nada, ni escuelas, ni hospitales, ni iglesias”, dice.

La misma Hermana Guadalupe lo afirma, en Siria quedan pocos católicos y necesitan ayuda. Es uno de los sectores más castigados por el odio religioso que muestran los fundamentalistas en la región, como los ultraislámicos del Estado Islámico (ISIS) y del Frente al Nusra.

“Los fundamentalistas han tomado varios barrios de Aleppo. Y en esos barrios ya no quedan cristianos. Los han matado o, en el mejor de los casos, les dieron una hora para salir. Y la gente salía con lo que podía, cargando a sus hijos, a sus enfermos. Agarraba lo que podía y se iba. Ahora, desde los barrios que tienen tomados disparan hacia los barrios cristianos con misiles, cohetes, armas de todo tipo”.

El éxodo de cristianos es enorme. “De 1.200.000 cristianos que había en Siria sólo quedan unos 400.000, es terrible”, señala. Pero al mismo tiempo rescata el valor de muchos que siguen yendo a misa. “Hay un gran temor entre los cristianos, pero también es grande la fortaleza que tienen. Para mí es un privilegio estar allá. El ejemplo que nos están dando como cristianos es tremendo”.

 

Entrevistas / Noticias

 

Declaraciones

1. ¿Cuál es la situación actual en Siria?

Aunque por épocas Siria deja de aparecer en los titulares la situación es esencialmente la misma. Continúan los enfrentamientos, mueren cristianos todos los días y el Estado Islámico está muy lejos de ser derrotado. Pero la gente ha aprendido a convivir con este sufrimiento diario. Un par de jóvenes universitarias que están cursando –como pueden– su cuarto año de medicina me decían: “Hemos aceptado que en estas circunstancias concretas tenemos que intentar terminar los estudios. Y estamos felices de poder hacerlo”.

 

2. ¿En qué consiste la labor de su comunidad religiosa en Aleppo?

El obispo de Siria para los latinos pidió en el año 2008 a nuestra Familia Religiosa del Verbo Encarnado una comunidad de sacerdotes y otra de hermanas para la atención pastoral de la Catedral de Alepo y la dirección de una residencia para jóvenes universitarias pobres. Desatada la guerra, el apostolado tomó obviamente otras dimensiones. Las actividades se siguen realizando en la medida en que lo permite la situación caótica que vive la ciudad. Pero en realidad lo más importante es “estar”. Acompañar, alentar, a veces tan solo escuchar llorar y contar de nuevo la misma historia. Nuestra presencia logra ser una prueba más de esperanza.

 

3. ¿Cómo viven la fe los cristianos sirios?

Han llegado a ver con los ojos de la fe. De ahí la sabiduría que tienen para comprender y aceptar el dolor. No culpan a Dios, muy por el contrario, al perderlo todo se han aferrado más a Él. Un anciano me decía: “Necesitábamos esta gran prueba. Nuestro cristianismo estaba demasiado ‘distraído’ con las cosas del mundo”. La fe les hace descubrir que Dios sabe sacar bienes de los males. Es esto lo que lleva a una joven que por causa de la guerra se acercó a Dios y a la vida parroquial a decir: “No van a creerme ¡estos años han sido los más felices de mi vida!”.

 

4. ¿Qué es lo que más le ha marcado en todo este tiempo?

Puede parecer un disparate… pero compartiendo la vida con esta gente que está sufriendo atrozmente lo que más me ha marcado es su alegría. ¡Uno los ve sonreír más que antes! Y festejar que llegó la luz (durante una o dos horas diarias) o que han podido bañarse (el agua llega cada ocho días), agradeciendo cada pequeño don de Dios. Así viven ellos y eso contagia. El contacto tan cercano con la muerte hace que la vida tome otro sentido y se viva plenamente. No hay tiempo que perder, este puede ser mi último día, ¿cómo quiero vivirlo? No es la alegría superficial y vana, sino aquella casi infinita de quien ya tiene los ojos puestos en el Cielo.

 

5. Estos cristianos ofrecen al mundo un testimonio de coherencia y fidelidad, ¿no es así?

Seguro, es un testimonio edificante y a la vez un desafío. ¿Quién no se siente atraído a darlo todo por Jesucristo? Por eso siempre decimos que como misioneros es más lo que recibimos de este pueblo que lo que damos. Vivir el día a día junto a estos cristianos es un enorme privilegio. ¡De entre ellos hay mártires y confesores de la fe!

 

6. ¿Cuál es la causa del conflicto y de la violencia en Siria?

El conflicto es muy complejo. Intervienen muchos y diversos intereses políticos y económicos, pero todos ellos ciertamente ajenos al bien del pueblo. Como dice el Santo Padre, siempre queda la duda: “Esta guerra de allá, esta otra de allí –porque por todos lados hay guerras– ¿es de verdad una guerra por problemas o es una guerra comercial para vender estas armas en el comercio ilegal?”.

 

7. ¿Se esperaba la irrupción del autoproclamado Estado Islámico?

Si había algo que no se esperaba en Siria era que se desatase una guerra. Tal era el ambiente de tranquilidad y pacífica convivencia que se vivía entre cristianos y musulmanes. Pero una vez que estos grupos extremistas irrumpieron en el país, era de esperar la entrada del Estado Islámico.

 

8. ¿Cree que es posible encontrar una solución a la crisis que atraviesa el país?

Creo que para llegar a una solución se debe detener inmediatamente el apoyo y la financiación de los grupos terroristas, como lo expresó enérgicamente el papa Francisco y lo repitió el Consejo de Patriarcas de Oriente.

 

9. ¿Qué papel puede jugar la comunidad internacional?

El Papa ha pedido que se trate el tema en el seno de la ONU, para encontrar el mejor modo de detener a este agresor injusto que es el Estado Islámico. Creo que deberían tomarse decisiones realmente eficaces basadas en la verdad y en la dignidad del ser humano y no en intereses particulares.

 

10. ¿Qué mensaje le gustaría trasladar a la opinión pública?

Las dimensiones de esta guerra hacen pensar que solo un milagro podría detenerla. Pero si hay algo que hemos aprendido viviendo en Siria es que los milagros son más corrientes de lo que uno cree. ¡No dejemos de rezar por la paz! Roguemos incansablemente a Dios Nuestro Señor, el único que puede doblegar y convertir los corazones.

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