Jaime Hernández: “Si todos pensáramos que es una locura ir, nadie les ayudaría”

Jaime Hernández: “Si todos pensáramos que es una locura ir, nadie les ayudaría”
18 agosto, 2015 Miguel Vidal Santos

Jaime Hernández, voluntario de #CampamentoIrak y de muchas otras iniciativas, es el miembro más joven de la expedición. Y estas son las razones que le han impulsado a sumarse al viaje.

No soy capaz de imaginarme que significa tener que huir de tu casa, quedarte sin los amigos de toda tu vida, olvidar donde jugabas al escondite o donde te caíste por primera vez con la bici. Por eso, pensando en los niños, espero poder jugar con ellos y sacarles una sonrisa por jugar al fútbol o ayudarles con sus tareas diarias. Y sobre todo mostrarles el apoyo de tanta gente que hay en España rezando por ellos e intentando contar lo que allí pasa para que podamos hacer algo a nivel internacional por ellos.

Hola soy Jaime Hernández, de Madrid, tengo 22 años, estudio Ciencias Políticas en la Complutense. Desde pequeño me ha gustado mucho ser activo, es decir, estar en todos los fregados, desde las actividades extraescolares hasta la colaboración en un partido político, pasando por el voluntariado en comedores sociales o con chicos con parálisis cerebral.

Este es el punto que me tiene más enamorado de la vida, soy voluntario de AVINTE un grupo de amigos en los que unos tienen parálisis cerebral y otros estamos simplemente locos por ayudar.

Desde pequeño he estado en muchos voluntariados, el primero que yo recuerde fue ir durante una semana a jugar en el recreo de un cole de educación especial en Coslada, mi ciudad. Desde entonces he sido voluntariado en otras muchas actividades como pintar casas de personas necesitadas, repartir juguetes en Navidad en la Cañada Real, disfrazarme para visitar a niños con enfermedades terminales en el Hospital Niño Jesús, ayudar en un comedor social del barrio de San Blas. Por mi cuenta, junto con otros dos amigos, todos los inviernos vamos a pasar un rato con personas que viven en la calle para ofrecerles conversación y un vaso caliente de chocolate. En uno de mis viajes, a China, aproveche para participar en una actividad de reciclaje con niños con deficiencias mentales.

Decidí participar en #CampamentoIrak porque creo que es importante ayudar a tantas personas que se encuentran fuera de sus casas, perseguidas. Durante esos días espero poder sacarles una sonrisa, jugar con ellos, hablar y darles el calor humano que podían encontrar junto a sus amigos en sus hogares. Es difícil por el tema del idioma, pero la experiencia en otros países me dice que los signos y una sonrisa la entiende todo el mundo.

De este viaje espero todo, creo que nada de lo que viva se parecerá a lo que he visto o he leído. Pues hasta que no esté con las personas de allí no sabré ni siquiera a lo que nos enfrentamos. Por eso simplemente lo que espero es poder servir, entretener y ayudar. Sin olvidar que también quiero comunicar al resto de mis amigos y personas de mi ambiente lo que allí esta pasando, para que no se quede solo allí el problema, que todos seamos participes del cambio de la situación, de la ayuda a los cristianos.

Como les digo a mis amigos, que me dicen que estoy loco por ir a Irak, si todos pensáramos que es una locura ir, nadie estaría allí con ellos para ayudarles, ni se sabría de primera mano lo que les está pasando. En Irak, como en otros países, están muriendo muchas personas cada día a causa de su fe, una fe que no hace daño; están siendo asesinados por un odio irracional. Y mientras nosotros solo nos preocupamos por un león. Por eso lo más importante que hago por ellos es rezar, y lo segundo ir. Una vez este allí haré todo lo que pueda por ayudarles y a mi vuelta no pararé de contar lo allí vivido, para que la gente espabile y trate de hacer algo por esta persecución.

La situación que se vive allí es lo que más me ha motivado, no la que voy a vivir yo, sino la que tienen que vivir tantas personas que han sido expulsadas de sus casas, o que han tenido que huir para no morir asesinadas por unos terroristas. Me preocupa el dolor de esas personas y creo que como no todo el mundo se ve capaz de ir, por miedo, como yo, creo que tenemos que sacrificar nuestro verano y vencer el miedo por ellos, por todos los cristianos que están muriendo para ayudar a que esto pare, para ayudar a que pare este genocidio.

Pocos son los que lo entienden en mi familia, pero me respetan. La gente que me conoce sabe que si decido ir es porque realmente es importante lo que vaya a hacer allí. A mi madre no le gusta la idea porque no le hace gracia que a su hijo le pueda pasar cualquier barbaridad de las que se ve por la televisión. Pero también les duele el sufrimiento de las madres que han perdido a sus hijos. Por eso al final creo que todos me dan ánimos para ir y vivir junto a ellos y darles un poquito de fuerzas y esperanza.

A todos los que me puedan leer, especialmente a los jóvenes les animo a que recen por todos los mártires, por todos los cristianos perseguidos y por todos los voluntarios que ayudan a los refugiados. Y sobre todo que no dejen que este tema quede silenciado, que compartan todo lo que contemos desde #CampamentoIrak. Y que desde ya, participen en cualquier actividad que apoye a los cristianos perseguidos.

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