La guerra del islam y la cultura europea

La guerra del islam y la cultura europea
9 enero, 2015 Miguel Vidal Santos
In destacados

“Charlie Hebdo había presentado a Mahoma con una bomba en lugar del turbante. Pero yo les digo a mis amigos musulmanes: ¿Cómo representan ustedes a Mahoma? Con la espada. Los de Charlie Hebdo sólo han modernizado la figura de Mahoma.” P. Samir Khalil Samir, SJ.

El Padre Samir, sacerdote jesuita egipcio, uno de los máximos expertos mundiales en islam, autor de numerosos estudios (especialmente recomendable para aproximarse al problema es Cien preguntas sobre el Islam), analiza el atentado yihadista contra la revista francesa Charlie Hebdo, las carencias de las políticas occidentales y la pasividad de los dirigentes musulmanes frente a sus elementos violentos. Estos son los fragmentos más significativos de su artículo:

La no violencia

Todos los musulmanes afirman que “el islam es paz”, que no es violento, etc… Las viñetas de Charlie Hedbo, por ejemplo, son una cosa vieja, de hace unos meses. De acuerdo, los dibujos son irónicos, sarcásticos, hasta vulgares, pero ustedes musulmanes, ¿por qué deben responder con la violencia? ¿Por qué a una cosa escrita no responden con otro escrito?

En el pasado (2006), Charlie Hebdo había presentado a Mahoma con una bomba en lugar del turbante. Pero yo les digo a mis amigos musulmanes: ¿cómo representan ustedes a Mahoma? Con la espada. En el museo de Estambul existen dos espadas consideradas pertenecientes al profeta. Y Arabia Saudita, el país que custodia los lugares santos y sagrados del islam, ¿qué tiene en su bandera? ¡Dos espadas! Así que me digo: los de Charlie Hebdo solo han modernizado la figura de Mahoma. Había dos espadas, ¡ahora hay dos bombas!

Mientras el islam, en vez de pelearse con los demás – apóstatas, cristianos, occidente, ateos- no haga una autocrítica y reconozca que el problema está en su interior, no saldremos de todo esto y los países islámicos estarán siempre marcados por la guerra que libran entre ellos.

También los enfrentamientos que suceden en África, en los países árabes del Mediterráneo y en las fronteras con el desierto del Sahara son enfrentamientos internos del islam.

Quisiera decir a los amigos musulmanes: den un paso al ftente, hagan autocrítica, repiensen al islam para hoy, reinterpreten las palabras del profeta. También en la Biblia hay versículos que alaban la guerra. Pero todos nosotros comprendemos que es necesario reinterpretarlas y no tomarlas al pie de la letra.

Es necesario tener en cuenta que estamos en el siglo XXI. Quienes padecen estas guerras son los humildes, las minorías, los que no pueden defenderse.

Arabia Saudita

El enfrentamiento entre suníes y chiíes se coagula también en la lucha entre Arabia Saudita e Irán. Aquí a la religión se suman los problemas económicos, estratégicos, geopolíticos, de dominio.

Es necesario decir a Arabia Saudita que ya vivimos en el siglo XXI: ¿cómo es posible, por ejemplo, negar a las mujeres el derecho de conducir solas? ¿Por qué las mujeres no pueden votar en las elecciones nacionales?

¿Y quién hace estas cosas? Arabia Saudita. Y lo hace como el auténtico intérprete del islam. Y esto desagrada a todos, también a los musulmanes.

Si tú haces estas cosas en nombre de la religión, no protestes si ataco tu religión cuando te lleva a humillar tanto a un ser humano.

Cuando hablas con los musulmanes, te dicen: “Sí, cierto, pero como Arabia Saudita ofrece billones de dólares a otros países, al final todos dicen: ¡Dios bendiga a Arabia Saudita!”

Occidente no sabe qué hacer

¿Y Occidente? El problema de la relación con los musulmanes existe porque muchos de ellos no se quieren integrar, dado que el islam es un sistema, no sólo una religión. Muchos de ellos -la mayoría- tratan de integrarse, pero lo hacen lentamente. En Francia estaban más integrados los argelinos de hace 50 años que los emigrados de hoy.

Ahora en casi todos los supermercados franceses venden alimentos halal. Y también en las escuelas y en los supermercados a menudo se venden sólo cosas halal, que son comestibles también por los no musulmanes.

Esto lleva a ver a los musulmanes como una amenaza que cuestiona los valores occidentales (entre las cuales también está el comer carne de cerdo). Y viendo que los musulmanes se organizan en grupos activistas, también los occidentales se organizan en grupos con tendencias antiislámicas.

Los políticos europeos no saben enfrentar bien a este asunto. Tendrían que decir a los emigrantes: sean bienvenidos, les recibimos fraternalmente porque somos de tradición cristiana. Si quieren, pueden quedarse aquí, pero tienen que integrase, pueden practicar la religión que quieran, o también pueden ser ateos, pero deben integrarse en nuestro sistema desde el punto de vista económico, político y social.

Lamentablemente los políticos prefieren no comprometerse y predicar sólo una vaga acogida, dejando la cultura europea para el ámbito privado.

En general veo que en muchas partes de Europa existe una acogida muy fuerte hacia los emigrantes. Y también entre los musulmanes hay una apertura Pero existe también un grupo o núcleo de islámicos que rechaza la integración y que la combate.

Para vigilar este aspecto es necesario controlar las mezquitas. A primera vista esto es contrario a nuestro espíritu europeo, la distinción entre Estado y religión. Pero las mezquitas en el islam no son sólo un lugar de oración. Son un lugar de adoctrinamiento y de indicaciones políticas, algunas veces dañinas hacia la comunidad. Por eso el Estado europeo debería controlarlas, como se hace en todos los países musulmanes. En el mundo islámico las mezquitas están controladas.

El artículo completo puede leerse en El p. Samir: hay una guerra interna en el islam y los políticos occidentales no defienden la cultura europea.

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