La sharía, una ley inhumana

La sharía, una ley inhumana
31 marzo, 2015 Antonio Velázquez
In destacados

Nuevas y horripilantes imágenes nos llegan de Irak, donde el Estado Islámico aplica su implacable interpretación de la sharía, o ley islámica, para castigar con severidad cualquier desviación de la rígida moral coránica.

Las víctimas han sido apedreadas hasta la muerte por un grupo de extremistas islámicos en una céntrica plaza de Mosul, en la provincia de Nínive. Se trataba de una joven pareja de novios, de unos 20 años, cuyo único delito había sido mantener relaciones sexuales sin estar casados.

Como suele ser habitual en las ejecuciones públicas del Estado Islámico, una gran multitud se había congregado en la plaza para presenciar el criminal espectáculo, incluyendo niños y mujeres.

Un barbudo jefe de la milicia llamado Abu Ansar al-Ansari, pronunció la orden de lapidación por “fornicación”. Luego, un yihadista con el rostro cubierto con una bufanda amarilla, leyó los cargos contra la pareja por megafonía, mientras la multitud se abría paso para obtener las mejores vistas. Un gran montón de piedras apiladas en el centro de la plaza presagiaba el atroz desenlace.

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A una señal, una docena de milicianos armados con piedras comenzaron a lapidar a la pareja, que con los ojos vendados y maniatados, eran incapaces de protegerse. La mujer cayó al suelo muerta a la tercera pedrada. El hombre aún tardó varios segundos más en morir aplastado en medio de un charco de sangre, ante el regocijo general de muchos de los asistentes.

Este tipo de ejecuciones son habituales allí donde rige la sharía. El pasado 24 de marzo, miles de manifestantes salieron a las calles de Kabul para protestar por el asesinato días antes de una mujer de 27 años de edad, acusada de quemar el Corán.

La víctima, de nombre ‘Farkhunda’, era una enferma mental. Sin embargo, eso no fue obstáculo para que una turba de hombres enloquecidos la linchara de la manera más salvaje: con palos y piedras hasta la muerte, tras lo cual, su cuerpo fue arrojado desde el tejado de un edificio y atropellado por un automóvil frente a una mezquita local. El linchamiento fue grabado y difundido por las redes sociales.

Fue enterrada esta semana por activistas de los derechos de las mujeres, en un funeral al que asistieron cientos de personas.

Una ley que vulnera los Derechos Humanos

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OHCHR) ha denunciado que los tribunales de la sharía, establecidos por el Estado Islámico en los territorios bajo su control, han ejecutado castigos “crueles e inhumanos”, entre ellos crucifixiones y lapidaciones.

En sus medios de propaganda, el Estado Islámico publica también castigos ejemplares para delitos no penados con la muerte, pero cuya brutalidad, basada en el ojo por ojo, resulta estremecedora: amputaciones de manos a cuchillo, azotes en público, etc…

Estas salvajes condenas tienen vigencia en pleno siglo XXI en muchos países islámicos porque es lo que se recomienda en el Corán. El libro recoge que Mahoma ordenó que se cortaran manos y pies a los ladrones como castigo porque así le había sido revelado por Alá. El extracto del Corán donde se hace referencia a este modo de proceder dice textualmente que «en cuanto al ladrón, hombre o mujer, cortar sus manos, como castigo por lo que han hecho» (Sura 5:38).

La Ley Sharía es la base del Derecho islámico e incluye un código de conducta con normas sobre los modos del culto, los criterios de la moral y de la vida, las cosas permitidas o prohibidas o las reglas separadoras entre el bien y el mal. Los castigos más severos se reservan para delitos denominados «hadd» que llevan directamente a la lapidación, los azotes y las amputaciones.

La indignación que en numerosos países del mundo despierta esta práctica alcanzó uno de sus puntos álgidos cuando se conoció a través de un documental de la BBC que incluso en escuelas islámicas radicadas en el Reino Unido se enseña a los alumnos de entre 6 y 18 años cómo cortar la mano del ladrón y, si es reincidente, cómo cortarle el pie. Igualmente en estos centros se adoctrina en materias como la homosexualidad y se sugiere la pena de muerte como castigo.

Los homosexuales, enemigos de la sharía

A principios de este mes de marzo, cuatro jóvenes homosexuales fueron ajusticiados en el barrio de Al Rashidia, en la ciudad de Mosul. Los yihadistas convocaron a los vecinos para presenciar la ejecución. Las víctimas tenían entre los veinte y los treinta años, y fueron degolladas.

El pasado seis de enero, también en Mosul, el EI asesinó a otros cuatro jóvenes acusados de homosexualidad. Tenían entre 18 y 26 años de edad. Fueron arrojados desde la azotea de la sede de la Compañía Nacional de Seguros, ubicada en frente del edificio de la Gobernación de la ciudad.

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Las interpretaciones radicales de la sharía contemplan la pena de muerte para los homosexuales, pero existen discrepancias sobre la manera de la ejecución: desde quemar al condenado hasta arrojarlo desde un lugar alto o degollarlo con cuchillo.

No solo el Estado Islámico castiga la homosexualidad con la pena capital. En países como Arabia Saudí, Yemen, Irán o Sudán, ser homosexual puede estar penado con la muerte.

¿Sharía radical, sharía moderada?

La forma de interpretar la Sharía es diferente en cada estado. “No existe una sola Sharía a ni tampoco una sola interpretación”, indica Haizam Amirah Fernández, investigador del mundo árabe en el Instituto Elcano. “Cuenta con distintos métodos de interpretación que pueden llegar a conclusiones no coincidentes”, asegura este experto.

La inspiración más restrictiva y severa de la Sharía se encuentra en países como Arabia Saudí, Yemen e Irán.

En el lado opuesto se encuentra Turquía. El sistema político implantado en este país es de carácter secular, que respeta la libertad de elección y es neutral en cuanto a la religión.

Túnez tampoco aplica en ningún caso la ley islámica, aunque sí tiene una serie de preceptos que emanan de ella.

Egipto es otro de los países que no la aplican, ya que tiene una constitución laica, pero la legislación intenta cumplir el espíritu de las normativas islámicas, por lo que se intenta no contravenir la Sharía.

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