La “Unesco” islámica quiere la Catedral de Córdoba

La “Unesco” islámica quiere la Catedral de Córdoba
30 diciembre, 2014 Antonio Velázquez
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La Organización Islámica por la Educación, la Ciencia y la Cultura (ISESCO) considera una “provocación para los musulmanes de todo el mundo, especialmente los musulmanes de España”, que la Catedral de Córdoba no sea una Mezquita.

Así de contundente irrumpe este poderoso lobby islámico con sede en Rabat (Marruecos) en la polémica campaña en favor de la expropiación de la Catedral de Córdoba que ha abanderado personalmente la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz. Desde el pasado mes de febrero, el gobierno andaluz, respaldado por sus socios de Izquierda Unida y los miembros de la Plataforma Mezquita-Catedral, busca una fórmula legal para privar a la Iglesia católica de la titularidad que, desde el siglo XIII, ostenta sobre el templo.

El organismo panislámico, que ha encontrado en la Junta de Andalucía un impagable aliado a sus intereses de difundir por el mundo el culto musulmán, ve una “provocación” en que el Cabildo de la Catedral de Córdoba pretenda, en su opinión, borrar el nombre de Mezquita del monumento cordobés y de los folletos explicativos de información que se editan para su promoción turística. Resalta, además, la “valentía” del consejero de Turismo y Comercio de la Junta, Rafael Rodríguez, de IU, por denunciar el “carácter inconstitucional del control de la Iglesia católica sobre la Mezquita”.

Una acusación falsa

En realidad, los hechos que denuncia la ISESCO son falsos. La palabra “mezquita” no solo no ha sido eliminada, sino que aparece 23 veces en la página web del monumento que administra el Cabildo. La palabra “catedral” aparece en 26 ocasiones. Tampoco ha sido retirada de los folletos turísticos. El portavoz del Cabildo, Jiménez Güeto, ha asegurado que “no se puede obviar una realidad objetiva que está ahí”. Y añade que “los obispos de Córdoba, desde la época de la Ilustración hasta ahora, todo lo que han hecho, lo mismo que está haciendo el Cabildo, es esforzarse por poner en valor toda la huella Omeya e islámica presente en el monumento”.

La falsedad, no obstante, ha servido de excusa a la organización islámica, que cuenta con el apoyo financiero de los gobiernos de 52 naciones islámicas, entre ellas Arabia Saudí, Irán, Qatar o Emiratos Árabes Unidos, para movilizarse en favor de la expropiación y poner toda su maquinaria e influencia al servicio de la cogestión del monumento.

A nadie se le escapa que este “favor” a la Junta de Andalucía no es gratuito. A lo que aspira la ISESCO, y en ese sentido va encaminada la presión internacional que está ejerciendo su director general, el saudí Abdulaziz Othman Altwaijri, es a recuperar el culto musulmán en la Catedral de Córdoba. Algo que sólo es posible robándole la propiedad a la Iglesia católica y estableciendo un escenario de gestión neutral, que es lo que persigue Susana Díaz y sus socios comunistas. Una significativa conexión de intereses que aparece, además, en un momento en que la Junta de Andalucía intensifica su campaña de acoso a la Iglesia para consumar sus pretensiones sobre el monumento. Algunos analistas ven en esta maniobra de Susana Díaz un intento electoralista de recuperar votos para su formación, muy tocada por las encuestas, apelando al viejo instinto anticlerical de la izquierda.

Un relato sesgado y falto de rigor histórico

Si la acusación que lanza la ISESCO sobre el intento de borrar la huella musulmana de la Catedral de Córdoba por parte de la Iglesia adolece de falta de rigor, peor aún es el relato histórico que asume esta influyente organización panislámica sobre la Mezquita. En el comunicado, afirma que «cuando los cristianos lograron el control de Córdoba en el siglo III (sic, en realidad fue el siglo XIII) construyeron una catedral en mitad de la mezquita, alterando de esta manera parte su identidad estética y arquitectónica». Nada se dice, sin embargo, del hecho de que la Mezquita de Córdoba fue construida sobre la demolida basílica cristiana de San Vicente. Tampoco del esfuerzo constante por parte de la Iglesia, durante casi ocho siglos, por mantener y conservar un monumento que hoy disfrutan más de 1.400.000 turistas al año.

Obviando estos hechos, la ISESCO no hace más que abonar la obsesión de la izquierda andaluza por devolver los atributos musulmanes a la que es Catedral cristiana desde que en 1236, Fernando III cediera su propiedad a la Iglesia. Un hecho incuestionable que, con toda seguridad, salvó al monumento de su destrucción.

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