Los obispos de Mosul echan una mano

Los obispos de Mosul echan una mano
6 febrero, 2017 Antonio Velázquez

Crónica de Eduard Pröls

Director de campañas de CitizenGO Alemania

El pasado domingo 5 de febrero de 2017 está ya marcado como una fecha especial en la historia de los cristianos orientales, ya que fue el día en que el arzobispo exiliado Nicodemus Daoud M. Sharaf, el metropolita sirio-ortodoxo de Mosul, regresó a su destruida y devastada catedral de San Efrén en el este Mosul. ISIS había convertido esta iglesia en una mezquita y había instalado su cuartel general en la sede de los arzobispos.

Dos años y medio después del desplazamiento de los cristianos de Mosul, después de haber sido obligados a huir para salvar su vidas, pude ver algunas fotografías del arzobispo dentro de su catedral, que es la iglesia más grande de Mosul, rodeado de escombros y de paredes derribadas, ocultando su rostro entre sus manos, llorando.

Estas imágenes me llegaron profundamente al corazón, porque yo me había visto con el obispo Nikodemus varias veces durante los últimos meses. La última vez que estuve con él fue en el monasterio San Mateo, uno de los más antiguos del cristianismo, ubicado en una montaña a 35 kilómetros de Mosul. Este monasterio estaba muy cerca de la línea de frente que dividía el territorio conquistado por el ISIS del mundo libre. Cuando el cielo está despejado, puedes contemplar Mosul desde allí.

En ese momento, en septiembre de 2016, nadie creía realmente que Mosul pudiera ser liberado en el plazo de un mes (aún hoy no está liberado del todo, ya que la parte occidental de la ciudad, al otro lado del Tigris, está bajo el control de los terroristas del ISIS).

Pero el domingo pasado, el arzobispo Nicodemo regresó. Y junto con el arzobispo Mor Timothius Mousa A. Shamani de San Mateo y algunos monjes y laicos, rezó en su iglesia devastada por primera vez después de la liberación.

Sin embargo fue lo que ocurrió tras la oración lo que realmente me emocionó, más incluso que las imágenes del obispo llorando, más incluso que los rezos: los obispos, los monjes y todo el grupo salieron a la calle y juntos agrietaron una parte de la gran bandera ISIS pintada en las paredes del edificio de la iglesia, usando una larga cuerda para bajarla. Es el momento que muestra el vídeo.

Sunday Feb. 5th, 2017 marked a special date in the history of the oriental Christians, as it was the day, exiled archbishop Nicodemus Daoud M Sharaf, the syrian-orthodox Metropolite of Mosul, returned to his destroyed and devastated Mar Ephrem cathedral in eastern Mosul. ISIS had turned this church into a mosque and installed its headquarters in the archbishops see.

Two and a half year after the displacement of Mosuls Christians, after being forced to flee to save his life, pictures show the archbishop stand in his cathedral, which is the largest church of Mosul, within the rubble of torn down walls, hiding his face in his hands, crying.

When I saw these pictures, I was deeply touched in my heart, as I met bishop Nikodemus several times during the past months. Last time I had met him was in Mar Mattai monastery, one of the eldest monasteries of Christianity, located in a mountain 35 kilometres from Mosul. This monastery was very close to the frontline that divided ISIS conquered territory from the free world. When the air is clear, you can look over to Mosul from there.

At that time, in September2016, no one really believed that Mosul would be liberated within some month (and it still is only half-liberated, as the western part of the city, on the other side of the Tigris, is still under the control of ISIS terrorists). But past Sunday archbishop Nicodemus returned. Together with archbishop Mor Timothius Mousa A. Shamani of Mar Mattai and some monks and lay people he held the first prayer in his devastated church after the liberation.

And after their prayer happened, what fascinated me even more than the pictures of the crying bishop and the prayer: the bishops, the monks and the entire group went out to the street. Together they cracked down a part of the large ISIS-flag painted onto the walls of the church building, using a long rope to pull it down.

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