Los padres de Kayla Mueller, la joven secuestrada por el ISIS en Siria

Los padres de Kayla Mueller, la joven secuestrada por el ISIS en Siria
26 octubre, 2016 Javier
In WeAreN2015

Entrevista a Carl y Marsha Mueller, los padres de Kayla Mueller, una activista de los derechos humanos que fue secuestrada por el Estado Islámico en agosto de 2013, y asesinada en febrero de 2015. Sus padres nos cuentan cómo era Kayla, qué la movía a ayudar a los más desfavorecidos, la experiencia de los 18 meses de cautiverio y el trágico desenlace. La madre de Kayla lee la última y emotiva carta que Kayla le escribió desde el secuestro, una carta llena de amor, compasión, fe en Dios y aceptación de Su voluntad. Carl y Marsha Mueller quieren que el legado de su hija no se pierda, y para ello, han creado la Fundación Kayla’s Hands.

Carl y Marsha Mueller ofrecieron su testimonio como víctimas directas del terror yihadista, que se cobró la vida de su hija, la cooperante Kayla Jean Mueller, en 2015.çContando solo 26 años, Kayla fue secuestrada por Estado Islámico y trasladada Raqqa, bastión de la organización terrorista en Siria, la familia Mueller -sus padres, Carl y Marsha Mueller, y su hermano Eric- había guardado «silencio» para no obstaculizar la posible liberación de la trabajadora humanitaria. Pero el 6 de febrero de 2015, tras 18 meses de angustia,  la familia confirmó la noticia de su muerte: falleció tras ser alzando el lugar en el que estaba retenida durante uno de los  bombardeos jordanos a objetivos yihadistas.

El matrimonio comenzaba su intervención leyendo una carta que recibieron de su hija fechada el 1 febrero de 2014, redactada durante su cautiverio y que les hizo llegar en marzo por medio de una compañera de Médicos Sin Fronteras sin conocimiento de sus secuestradores: en ella, Kayla restaba preocupaciones a sus padres por su situación y les pedía que no negociaran para su liberación.

Todo, sostenido en un firme mensaje de fe: «Siento todo el sufrimiento que os he hecho pasar, perdonadme; mamá, me decías que al fin y al cabo lo único que tenemos es Dios. Estamos en un lugar en el que todo el sentido lo pone el Creador, y con vuestras oraciones me siento en manos de Dios. Él nos libera de todas las cárceles. A veces solo hay que buscar lo bueno de cada situación y rezo para que sintáis vosotros esta cercanía«».  «No me he hundido, voy a seguir luchando. No tengáis miedo por mí, gracias a Dios volveremos a unirnos», concluía la cooperante.

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