En el nombre de Alá

En el nombre de Alá
17 febrero, 2015 Antonio Velázquez
In destacados

El periódico católico malasio Herald no podrá usar el nombre de Alá para referirse a Dios. Así lo ha establecido un tribunal, tras 8 años de batalla legal entre el editor de la publicación, el sacerdote jesuita Lawrence Andrew, y el Gobierno de Malasia.

Poco ha importado que la población católica en Malasia hable en el idioma local, el Bahasha, que utiliza la palabra Alá para designar a Dios. Y que esta situación lingüística esté normalizada desde la colonización portuguesa y la evangelización de San Francisco Javier, en el siglo XVI. El Tribunal ha dictaminado que la palabra Alá solo pertenece a los musulmanes.

A partir de ahora, para referirse a Dios, el periódico deberá utilizar la palabra Tuhan, que significa «Señor», un nombre común que sirve para referirse a cualquier divinidad.

Un sacerdote contra el radicalismo

Lejos de desanimarse por la sentencia, el reverendo Andrew aboga por adaptarse y seguir publicando sin nombrar a Alá.

Andrew está al cargo de un millar de feligreses de la Iglesia de Santa Ana en Port Klang, en el estado de Selangor, donde cada tarde celebra una misa después de terminar su jornada en el Herald, cuya sede está en Kuala Lumpur.

Desde que en 2007 el Ministerio de Asuntos Internos le prohibiera al Herald el uso de la palabra Alá para referirse a Dios, Andrew ha recibido amenazas de muerte, se han pintado grafitis intimidatorios en las iglesias y en los disturbios provocados por el caso, las turbas descontroladas quemaron biblias e imágenes de Andrew. El  sacerdote, de 70 años, tuvo que llevar un guardaespaldas para su protección.

Andrew ha expresado un cierto alivio por la derrota judicial, por las represalias que podrían haberse llevado a cabo contra los cristianos y las iglesias en el caso de que el Tribunal le hubiese dado la razón.

En diciembre de 2009, de hecho, cuando el Tribunal Superior falló a su favor en primera instancia, se produjo un estallido de conflictividad interreligiosa que acabó con once iglesias y un templo sij incendiados y numerosos actos de vandalismo contra capillas y ermitas, en las que se arrojaron cabezas de cerdo, un animal considerado impuro por los musulmanes, y botellas de ron, ya que el Corán prohíbe beber alcohol.

El arzobispo de Kuala Lumpur, monseñor Julian Leow, ha declarado en una carta pastoral publicada después del veredicto que “hemos aprendido muchísimo de toda esta experiencia. Debemos defender la justicia y la verdad. Debemos proteger los derechos de las minorías y los silenciados. Debemos dialogar con los ignorantes y conseguir que comprendan”.

Y añadió: “Estamos decepcionados por esta sentencia que, de alguna manera, era previsible. Sin embargo, esperamos que de esta medida pueda nacer algo bueno para nuestro futuro: confiamos en la Providencia y en lo que el Señor quiera reservarnos para la vida de nuestra comunidad”.

Prohibición, también para la liturgia

La clave de todo este polémico asunto es ahora la siguiente: ¿se contentarán las autoridades de Malasia con prohibir el uso de la palabra Alá al periódico, o harán extensiva la censura a todos los aspectos de prácticas cristianas?

En cuanto a este punto, el sacerdote y sus abogados se muestran firmes: la sentencia sobre el término Alá se limita al Herald.

Sin embargo, el reverendo Andrew se enfrenta a una investigación policial por asegurar que todas las iglesias católicas del estado de Selangor continuarán haciendo uso de la palabra Alá para referirse a Dios. De esta manera, el jesuita rechaza los intentos de los grupos religiosos islámicos de aplicar la competencia de este veredicto a todos los aspectos de la liturgia cristiana en el idioma malayo. “No les vamos a seguir su juego”, dijo.

El Arzobispo Leow, en su carta pastoral, ha tranquilizado a los fieles a este respecto: “De ninguna manera incluye (el veredicto) una prohibición en nuestras Sagradas Escrituras, el Al-Kitab, ni tampoco en nuestra forma de alabar durante la celebración de nuestra Santa Misa y nuestras reuniones de oraciones.” “Por ahora, solo podemos confiar en el gobierno que ha mostrado su apoyo de forma oral, para poder seguir haciendo uso de la palabra Alá en nuestras oraciones y en nuestras alabanzas”.

La pregunta es: ¿hasta cuándo?

Un creciente extremismo islámico

Detrás del debate meramente lingüístico que ha provocado el proceso al Herald se esconde una cuestión algo más turbia: la radicalización islámica que está viviendo Malasia, un país que hasta ahora era ejemplo de convivencia entre sus distintas comunidades étnicas y religiosas.

En los últimos tiempos, sin embargo, corrientes internas radicales parecen temer que el aperturismo del país acabe ocasionando el avance del cristianismo y la conversión de musulmanes. Un temor que les lleva a exigir más dureza en la prohibición de la apostasía, o sea la ley que impide que un musulmán se cambie de religión y que se castiga con la muerte. Mientras tanto, en el país crecen las acusaciones, más o menos creíbles, contra cristianos que habrían buscado obtener conversiones.

Frente a las normas civiles que rigen para el resto de la población, sobre los musulmanes impera la ‘sharia’ (ley islámica), cuyas controvertidas sentencias han condenado a mujeres a recibir azotes por mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio o, incluso, por beber cerveza.

Tras esta radicalización, algunos analistas ven ve la mano del gobierno, que trata de apelar a los sentimientos religiosos de los votantes más incultos y extremistas para mantenerse en el poder.

El mismo gobierno, desde 1957

Desde la independencia en 1957, en Malasia gobierna una misma alianza de partidos, la Organización Nacional para la Unidad Malaya (UNMO). En las últimas elecciones de 2013, la coalición Pakatan Rakyat, con su líder Anwar Ibrahim al frente, rompió la mayoría de más de dos tercios que disfruta desde hace casi seis décadas.

Curiosamente, sobre Anwar pesaba un largo y oscuro proceso judicial por sodomía, una acusación muy grave en Malasia porque la homosexualidad, incluso consentida, está penada con hasta 20 años de cárcel. Este veterano político musulmán había negado reiteradamente las acusaciones y había culpado directamente al Gobierno del primer ministro Najib Razak de orquestar una campaña judicial en su contra.

Esta misma semana, el Tribunal Federal ha ratificado la sentencia emitida contra Anwar Ibrahim, que ha sido condenado a cinco años de cárcel. El Gobierno malasio defiende que el juicio ha respetado escrupulosamente las garantías legales, pero organizaciones de defensa de los derechos humanos hablan de motivaciones políticas.

Lo cierto es que Anwar queda fuera del juego político para los comicios de 2018. La legislación malasia le prohíbe presentarse a unas elecciones u ocupar un cargo público durante los cinco años siguientes al fin de su sentencia. La decisión del tribunal también supone un duro golpe para la coalición que encabezaba, ya que por primera vez, la oposición se perfilaba como una alternativa de poder creíble.

Anwar Ibrahim había denunciado en numerosas ocasiones que la radicalización islámica del Gobierno se debe a motivos políticos y había advertido del serio peligro que puede representar para la estabilidad de este próspero y moderno país del Sureste Asiático una ruptura de la convivencia.

Con 30 millones de habitantes, cerca del 60 por ciento de malasios practica el Islam, en su mayoría moderado, mientras que profesa el budismo un 19% de la población, el cristianismo un 9%, el hinduismo un 6%, el taoísmo un 2,6% y el resto otras religiones minoritarias.

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