Sentencia histórica en el país de Asia Bibi

Sentencia histórica en el país de Asia Bibi
15 octubre, 2015 Antonio Velázquez
In destacados

El pasado 7 de octubre, el Tribunal Supremo de Pakistán (SCP) emitió una sentencia histórica al confirmar la sentencia de muerte de Malik Mumtaz Qadri, el asesino confeso del gobernador de Punjab, Salman Taseer, un musulmán liberal que se había mostrado públicamente partidario de derogar la ley antiblasfemia y a favor de Asia Bibi.

Qadri, de 30 años, era miembro de la Fuerza de Élite y uno de los guardaespaldas de Taseer. En enero de 2011, durante una visita al mercado de Koshar de Islamabad, le disparó 27 veces con un subfusil AK-47 como castigo por las polémicas opiniones del gobernador sobre esta ley.

Los musulmanes moderados y los grupos religiosos minoritarios han acogido con satisfacción la valiente decisión de los jueces de la Corte Suprema, que reconoce los valores democráticos y la vigencia del estado de derecho contra el fanatismo religioso en la esfera pública.

Activistas de derechos humanos y de las minorías han venido exigiendo la derogación de las leyes contra la blasfemia, ya que se han utilizado indiscriminadamente como una herramienta contra las minorías, especialmente contra los cristianos y ahmadis.

El policía del Profeta

Salman Taseer fue asesinado por defender a Asia Bibi, una mujer cristiana pakistaní, pobre y analfabeta, declarada culpable y condenada a la pena de muerte por la ley antiblasfemia, cuya apelación se encuentra aún pendiente en la Corte Suprema.

Asia Bibi fue arrestada en junio de 2009, después de que presuntamente insultara al profeta Mahoma durante una discusión con una compañera de trabajo. Taseer no solo la visitó en la cárcel, sino que hizo un llamamiento de clemencia al presidente de Pakistán, Asif Ali Zardari. Además, declaró públicamente que las leyes sobre la blasfemia, impuestas por el dictador militar general Zia-ul-Haq en la década de 1980, debían ser reformadas.

El crimen de Qadri supuso un acto de violencia sin precedentes, ya que ejecutó a un cargo político en plena luz del día por motivos exclusivamente religiosos. Para muchos en Pakistán, criticar o desafiar las leyes sobre la blasfemia es también un acto de blasfemia en sí mismo. Un desprecio al Islam, a su profeta y al Corán. En opinión de estos grupos radicales, esto no se puede tolerar, y la persona que así actúa debe ser asesinada. Cuando Taseer exigió modificaciones a la ley, muchos lo declararon un blasfemo que merecía la muerte.

Después de matar a Taseer, Mumtaz Qadri fue venerado como un héroe. Un gran número de pakistaníes sentían que, matando a un blasfemo, había cumplido su deber religioso como un verdadero musulmán. La primera vez que se presentó ante el Tribunal de Primera Instancia en Islamabad fue recibido con una lluvia de pétalos de rosa y aclamado como un soldado del Islam y el policía del Profeta. Desde entonces, sus partidarios han pedido públicamente su libertad incondicional. La sentencia de la Corte Suprema del pasado día 7 ha movilizado a los partidos islámicos sunitas, que llevaron a cabo una manifestación de protesta en Karachi dos días después del fallo exigiendo su inmediata liberación.

Un Tribunal sitiado

Durante las audiencias, los partidarios de Qadri trataron de llegar a la Corte Suprema para presionar a los jueces. La policía detuvo a muchas personas en Rawalpindi e Islamabad, y más de 90 fueron arrestadas cuando intentaron entrar en la zona roja de Islamabad, donde se encuentra el Tribunal Supremo.

La sentencia de muerte de Qadri fue emitida en primera instancia por un tribunal antiterrorista en octubre de 2011. El juez responsable hubo de abandonar el país más tarde por motivos de seguridad. Después de un largo proceso y numerosas apelaciones, el caso de Qadri llegó por fin a la Corte Suprema de Pakistán.

Los abogados defensores de Qadri, que incluían a dos exjueces del Tribunal Supremo, trataron de presentarlo como un buen musulmán que estaba llevando a cabo su deber religioso para castigar a un blasfemo que había calificado a las leyes de blasfemia como “leyes negras”. Con sus argumentos, la defensa trató de justificar el asesinato en nombre de la religión y exigió la derogación de la pena de muerte de su cliente.

La tesis de los tres magistrados de la Corte Suprema de Justicia, encabezados por el juez Asif Saeed Khosa, se centró principalmente en si un individuo tenía autoridad para asumir el papel de juez, jurado y verdugo después de acusar a alguien de blasfemia.

El juez Khosa observó que los recortes de prensa presentados en la Corte contra Taseer por el abogado defensor no aportaban pruebas suficientes de que el exgobernador hubiese cometido blasfemia. Sin embargo, se mostró preocupado por que la gente pudiera acusar a otros de blasfemia para ajustar cuentas personales. Mencionó el incidente de una pareja cristiana, Shehzad Masih y Shama Bibi, que fue quemada viva por una turba musulmana cerca de Lahore el 4 de noviembre del año pasado, acusados de profanar una copia del Corán.

“¿No estaremos infundiendo miedo en la sociedad si todo el mundo comienza a tomarse la justicia por su mano en cuestiones tan sensibles como la blasfemia en lugar de ir a los tribunales?”, preguntó el juez Khosa.

El Tribunal concluyó que ningún individuo tiene autoridad para castigar a un blasfemo y que criticar la ley sobre la blasfemia no constituía una blasfemia. La Corte Suprema confirmó la sentencia de muerte y decretó que Qadri debía ser ejecutado por disparar Taseer.

Una sentencia histórica

La decisión del Tribunal es una sentencia histórica en la historia judicial de Pakistán, ya que ha respondido a algunas cuestiones muy sensibles sin ninguna ambigüedad. Hasta ahora, los radicales islámicos utilizaban la retórica religiosa para silenciar a los críticos de las leyes contra la blasfemia.

Aunque la sentencia del Tribunal es un paso positivo, es responsabilidad del gobierno tomar medidas estrictas contra los que acusan falsamente a otros amparándose en las leyes de blasfemia. Y parece poco probable que el actual gobierno de Mian Nawaz Sharif tome medidas en este sentido, ya que su partido comparte la misma ideología que los grupos extremistas religiosos.

Los radicales han estado operando en el país con total impunidad porque la religión es la base de la fundación del país. Debido a eso, estas personas utilizan la violencia en nombre de la religión para ganar poder e intimidar a otros a aceptar sus enseñanzas religiosas. Desde el asesinato de Taseer, ningún líder político paquistaní ha tenido el coraje de criticar la legislación.

En general, la credibilidad de los tribunales no es muy alta cuando se trata de casos delicados relacionados con la religión. Por esa razón, esta sentencia debe ser vista como un paso importante en un país islámico donde los pakistaníes liberales son marginados.

Durante los procesos judiciales de naturaleza religiosa, los tribunales están llenos de grupos religiosos que tratan de presionar a los jueces para que dicten sentencias a su favor. En un entorno social donde la intolerancia religiosa es tan profunda, y donde los tribunales son extremadamente cuidadosos ante casos de carácter sensible, la sentencia contra Qadri, que es un símbolo religioso para muchos, debe considerarse heroica.

En los casos de blasfemia, muchos abogados no se atreven a representar a los acusados y los jueces son reacios a llevar los casos por temor a su seguridad personal. En este ambiente, la decisión de la Corte Suprema es significativa, ya que da una señal de que el sistema jurídico debe ser independiente y ajeno a temores y presiones. Del mismo modo, el veredicto muestra que la fuerza judicial contra el fanatismo religioso es compatible con la libertad de expresión.

Debido al temor a una ola de violencia, no era posible hasta ahora iniciar un debate público sobre el mal uso de leyes contra la blasfemia, ya que este acto es en sí mismo era considerado blasfemo. Pero el veredicto contra Qadri, al establecer claramente que la crítica de la ley no constituye una blasfemia, podría fomentar el debate.

La ejecución de Qadri enviaría un mensaje contundente a los partidarios del extremismo. Sin embargo, el gobierno tiene detrás muchos grupos de presión que le exigen el indulto.

El país de Asia Bibi está cambiando

A esta sentencia se ha referido el ex ministro federal para la Armonía Nacional y líder de los All Pakistan Minorities Alliance (APMA), Paul Bhatti.

“El fallo ha demostrado que el Tribunal Supremo quiere hacer justicia por la transparencia y la protección de los derechos de todos los ciudadanos”.

En el pasado, recuerda Bhatti, los abogados cercanos a los movimientos extremistas “fueron capaces de influir en las decisiones de los jueces, llegando a amenazar a las autoridades y el pueblo estaba en silencio”. La gente se tomó la justicia por su mano, especialmente “en los casos de blasfemia, llegando a matar sin consecuencias”. Ahora, la sentencia deja claro que “si falsamente se acusa de acuerdo con las leyes sobre la blasfemia, se enfrenta a una sentencia de por vida … un paso que muestra un gran coraje”.

El líder de la APMA, que alterna el trabajo y los compromisos entre Pakistán e Italia, habla de una nación que “está cambiando”, debido a los esfuerzos “de los hombres de buena voluntad” del gobierno.

El exministro también confirmó que para el caso de Asia Bibi es la “voluntad” de la Corte Suprema “revisar el caso” y que hay esperanza real “de una liberación en un futuro próximo. Sin embargo – añadió – tenemos que encontrar para ella una situación que garantice la seguridad”, para evitar el peligro de represalias por parte de los movimientos fundamentalistas.

Paul Bhatti es hermano del ministro cristiano de Minorías de Pakistán, Shahbaz Bhatti, que como Taseer, fue asesinado el 2 de marzo de 2011 por islamistas a causa de su oposición a la ley de la blasfemia y por su defensa de Asia Bibi.

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