Vacas: ¡peligro de muerte!

Vacas: ¡peligro de muerte!
13 octubre, 2015 Antonio Velázquez
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Las leyes de protección de la vaca en la India se están convirtiendo, cada día más, en un símbolo de crueldad e injusticia. Al igual que ocurre en Pakistán con las leyes antiblasfemia, se usan como una herramienta para atemorizar y castigar a las minorías religiosas y a los grupos hindúes oprimidos.

El último caso es el de Mohammad Akhlaq, un trabajador agrícola musulmán del norte de la India, que fue sacado de su casa el pasado lunes y linchado por una turba delante de sus familiares por la simple sospecha de que había comido carne de res. Pero no ha sido la única víctima.

El año pasado, una furgoneta se detuvo en un control policial en el pueblo de Chhawla, al oeste de Nueva Delhi. Su conductor tenía licencia para transportar cadáveres de vacas al crematorio. Se llamaba Santosh Kumar, de la casta Valmiki. De repente, unos desconocidos que iban en motocicletas se abalanzaron sobre él y le rompieron el cráneo.

En 2002, cinco dalit de Haryana fueron linchados por una multitud en una estación de policía. Su único delito fue transportar cadáveres de vacas. Al igual que Santosh Kumar, tenían la licencia requerida.

En marzo, dos musulmanes fueron arrestados en Malegaon, Maharashtra, por la presunta matanza de una vaca.

La India tras los pasos de Pakistán

Estos hechos guardan inquietantes similitudes con los ocurridos en la vecina Pakistán a cuenta de la Ley antiblasfemia. El Centro de Estudios de Seguridad, con sede en Islamabad, ha contabilizado 52 casos de pakistaníes asesinados por supuestos delitos de blasfemia desde 1990, ya sea mientras se juzgaba el caso, en libertad bajo fianza, en la cárcel o linchados por la turba les acusaba.

Casos como el de la cristiana Asia Bibi, condenada a muerte por un supuesto delito de blasfemia, que sigue en la cárcel después de seis años a la espera de una apelación, muestran hasta qué punto la justicia no solo se pliega al odio religioso, sino que lo alimenta como mecanismo de poder.

Asia Bibi puede considerarse una afortunada, después de todo. Sigue con vida, y gracias a la presión internacional, el gobierno pakistaní aún no ha sido capaz de llevar a cabo la ejecución.

Peor suerte corrieron quienes intentaron ayudarla. El gobernador de Punjab, Salman Taseer, fue asesinado a tiros en 2011 por su guardaespaldas por defender públicamente a Asia Bibi. El ministro de minorías, Shahbaz Bhatti, encontró la muerte al tratar de derogar la ley negra, que es como se conoce a la ley antiblasfemia.

La evolución de la ley antiblasfemia

La evolución de los cambios que Pakistán ha ido introduciendo en sus leyes sobre la blasfemia son muy reveladores, así como las consecuencias que han tenido.

Hasta 1986, solo se habían reportado 14 casos de blasfemia en Pakistán. Esta cifra se disparó entre 1984 y 2004, con cerca de 5.000 casos de blasfemia registrados y más de 800 personas acusadas. De estas, 479 eran musulmanes, 340 ahmadíes (que han sido declarados no musulmanes bajo la Constitución de Pakistán), 119 cristianos, 14 hindúes y otros 10 casos sin clasificar.

¿Qué ocurrió en Pakistán durante la década de 1980 para que la ley antiblasfemia adquiriese tanta relevancia? La respuesta: el general Zia-ul Haq. Durante sus 10 años de presidencia, que comenzaron en 1978, alteró la delicada relación entre la sociedad, el derecho y la religión.

Durante décadas, el Código Penal de Pakistán, que los británicos introdujeron en 1860, tenía una disposición (la 295) que prescribía un máximo de dos años de prisión a cualquier persona declarada culpable de dañar o profanar un lugar de culto. A consecuencia de los disturbios religiosos de 1927, a la disposición 295 se le añadió la cláusula A, que ampliaba a 10 años la pena por atentar contra la religión o las creencias religiosas de cualquier clase.

Ambas disposiciones exigían pruebas para poder acusar a alguien, y no privilegiaban a los musulmanes sobre otras minorías. Esto se revirtió durante el mandato del general Zia.

En 1982 se introdujo la sección 295-B, que incluía la cadena perpetua para cualquier persona declarada culpable de insultar deliberadamente, dañar o profanar el Corán o usar extractos de él despectivamente.

Dos años más tarde llegó la sección 295-C, que condena a muerte a cualquier persona declarada culpable de blasfemia contra el Profeta. Y solo un juez musulmán puede presidir el Tribunal.

Desde entonces, las leyes sobre la blasfemia en Pakistán se han invocado para ajustar cuentas personales, o para ganar puntos con Alá aterrorizando a las minorías religiosas y a los liberales musulmanes. Estos cambios en el código penal dieron un impulso al fundamentalismo, y fueron acompañados por los intentos del general Zia para islamizar la sociedad pakistaní.

Algunos analistas denuncian que esto es precisamente lo que está ocurriendo hoy en la India. Reforzar el carácter sagrado de la vaca a través de la ley para combatir a las minorías.

La ley de la India y los tribunales

Este fenómeno no es nuevo. Tres semanas antes de la independencia, Gandhi se manifestó de esa manera: “He estado siempre comprometido a servir a la vaca, pero ¿cómo puede mi religión ser también la religión del resto de los indios? Esto significaría una coacción contra los indios que no son hindúes”. En otras palabras, Gandhi rechazó la noción de que la India es una tierra de los hindúes, cuyos sentimientos religiosos deben tener preferencia sobre los de los demás.

Sin embargo, el Congreso ignoró los argumentos de Gandhi. En la década de 1950, sus gobiernos en Bihar, Uttar Pradesh, Rajasthan y Madhya Pradesh promulgaron leyes de protección de las vacas. El Tribunal Supremo confirmó estas leyes en un caso de 1958, invocando los principios rectores de la política del Estado contenidas en el artículo 48 de la Constitución. Sin embargo, se determinó que se podrían sacrificar novillos, bueyes y toros viejos y económicamente improductivos, así como vacas certificadas como aptas.

El apasionado debate sobre la vaca y las enmiendas a las leyes estatales que las protegen están teniendo lugar en el contexto más amplio de los intentos del partido BJP por avivar la religiosidad de los hindúes y de novelar la historia. Sus consecuencias sociales pueden ser devastadoras. Como devastadores fueron para Pakistán los cambios en las leyes de blasfemia que se efectuaron durante el proceso de islamización de Zia.

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